El que habita al abrigo del Altísimo
se acoge a la sombra del
Todo poderoso.
Yo le digo al Señor:
Tú eres mi refugio,mi fortaleza,
el Dios en quien confío.
Solo él puede librarte de las trampas
del cazador y de mortíferas plagas,
pues te cubrirá con sus plumas
y bajo sus alas hallarás refugio.
¡Su verdad será tu escudo y tu baluarte!
No temerás el terror de la noche,
ni la flecha que vuela de día,
ni la peste que acecha en las sombras
ni la plaga que destruye a mediodía.
Podrán caer mil a tu izquierda,
y diez mil a tu derecha,
pero a ti no te afectará.
No tendrás más que abrir bien los ojos,
para ver a los impíos recibir su merecido.