Francisca fue hija de Jesús Coronado y Ángela Encinas, quienes le inculcaron valores de amor, fe y dedicación a la familia. Le sobreviven sus queridas hermanas, María Ayala y Marisela Coronado, quienes la recordarán siempre con cariño y gratitud.
Aunque no tuvo hijos propios, Francisca brindó un amor inmenso a sus sobrinos y sobrinas, a quienes quiso como si fueran sus propios hijos, dejando en ellos una huella imborrable.
Fue una mujer alegre y llena de vida; disfrutaba profundamente la música y el baile, siendo siempre el alma de cualquier reunión. Su generosidad y vocación de servicio la llevaron a dedicarse al cuidado de los demás, especialmente de sus seres queridos.
Su fe católica fue un pilar fundamental en su vida, mostrando una devoción especial a la Virgen de Guadalupe, en quien encontraba consuelo y fortaleza.
Le apasionaba viajar y también cuidar de su hogar, manteniéndolo siempre limpio, ordenado y acogedor, reflejo de su personalidad dedicada y amorosa.
Francisca será recordada por su alegría, su bondad y su amor incondicional hacia su familia. Su partida deja un vacío profundo en el corazón de todos quienes tuvieron el privilegio de conocerla.
Siempre vivirás en nuestros corazones.