

En Memoria de Hermilo Ríos Hernández Hermilo Ríos Hernández nació el 13 de enero de 1942 en Villa Unión, Sinaloa, México, hijo de Luarencio Ríos y Antemia Hernández. Creció en un ambiente humilde y desde muy pequeño estuvo rodeado de los campos de caña de azúcar. Aquellos comienzos humildes ayudaron a formar al hombre que llegaría a ser: un hombre trabajador, humilde, respetuoso y bondadoso que nunca olvidó sus raíces.
A los 18 años, Hermilo ingresó al Ejército Nacional Mexicano, donde completó exitosamente su entrenamiento y formación como soldado de infantería. Su tiempo en el ejército ayudó a formar la disciplina y fortaleza que llevaría consigo durante toda su vida.
A los 21 años, Hermilo conoció al amor de su vida, Alejandrina Nieto. Poco después comenzaron a formar una familia juntos. En 1966, Hermilo y Alejandrina emprendieron juntos el viaje hacia Los Ángeles, California, donde continuaron construyendo su vida y su familia. Desde muy joven, Hermilo siempre se comportó con respeto y trató a las personas con bondad. Tenía un maravilloso sentido del humor. Le encantaba reír, hacer bromas y, más que nada, hacer sonreír a las personas que lo rodeaban. Si conociste a Hermilo, seguramente recuerdas su risa tan particular, sus bromas y aquellas conversaciones que podían durar por horas. Hermilo fue un hombre muy trabajador.
A lo largo de su vida desempeñó diferentes trabajos y siempre se sintió orgulloso de poder mantener y proveer para su familia. Vivió una vida sencilla y nunca necesitó mucho para ser feliz. Ayudar a los demás le nacía naturalmente. Era simplemente parte de quien él era. A Hermilo le gustaba ver béisbol y fútbol. Después de un largo día de trabajo, disfrutaba escuchar canciones románticas y relajarse con una cerveza bien fría. Le encantaban las reuniones familiares, bailar, celebrar y estar rodeado de las personas que amaba. Su última ocupación fue como guardia de seguridad armado, trabajo que desempeñó con orgullo durante más de 30 años.
Finalmente dejó de trabajar a los 80 años de edad. Incluso después de tantos años, disfrutaba trabajar, conocer personas y convivir con los demás todos los días. El trabajo no era simplemente algo que hacía; era algo que realmente disfrutaba. Hermilo nunca tuvo miedo de compartir su fe en Dios. Su fe fue una parte muy importante de su vida y declaró abiertamente su creencia en Cristo Jesús. Esa fe es una de las partes más grandes del legado que deja atrás.
Pero, sobre todas las cosas, Hermilo amaba a su familia. Amaba profundamente a sus hijos, especialmente a sus hijas, y adoraba a sus nietos. Tenía una manera muy especial de recibirlos: con un abrazo, un beso, una bendición y, por supuesto, alguna de sus bromas que siempre los hacía reír. Sus nietos sabían que cuando el abuelo estaba presente, siempre habría una sonrisa, una historia o un momento de alegría. Hermilo fue un esposo, padre, abuelo, tío, suegro, vecino, amigo y compañero de trabajo leal. Amaba a sus yernos y siempre les expresaba su cariño y aprecio. Hacía que las personas se sintieran parte de su familia. Hermilo deja en vida a su amada esposa, Alejandrina; sus hijos Alexandro y Victor Hermilo; sus hijas Tere, Lupe, Rosy y su hija menor, Fabiola; su hermana Martha; sus yernos Paul Alcázar, Rojelio Sánchez y Frank Hurtado; y una gran cantidad de nietos, sobrinos y familiares a quienes amó profundamente y que también lo amaron con todo su corazón. Le precedió en la muerte su amado hijo, Juan Manuel Reyes.
Hoy lloramos la pérdida de un esposo, padre, abuelo, tío, suegro, amigo y de un hombre que tocó la vida de muchas personas. Extrañaremos profundamente la bondad de Hermilo, su risa tan particular, sus bromas, sus conversaciones y su sonrisa. Extrañaremos verlo en las reuniones familiares, escuchar sus historias, verlo reír y recibir ese amor que siempre daba tan libremente. Pero aunque Hermilo ya no esté físicamente con nosotros, su memoria continuará viviendo. Vivirá en sus hijos y nietos. Vivirá en las historias que contaremos. Vivirá en las risas que nos regaló. Vivirá en cada reunión familiar donde lo recordemos. Y vivirá a través de la fe en Cristo Jesús que él declaró abiertamente.
Hermilo pasó su vida amando a las personas, trabajando arduamente, cuidando de su familia, ayudando a los demás y compartiendo su fe. Su vida fue una bendición. Su memoria es una bendición. Y su legado continuará a través de las generaciones de familiares y amigos que tuvieron el privilegio de conocerlo y amarlo. Hasta que nos volvamos a encontrar, Hermilo. Nunca serás olvidado.
FAMILIA
Alejandrina Dieto de RiosEsposa
Juan Manuel Reyes (fallecido)Hijo
Maria Teresa NietoHija
Maria Guadalupe RiosHija
Alejandro RiosHijo
Rosa Isela RiosHija
Fabiola AlcazarHija
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v.1.18.0