

Dina Zulema Ávila nació en Danlí, El Paraíso, Honduras, hija de la profe Clara Zulema Zelaya Castellanos y de Elio Salvador Ávila Sosa. Desde el primer día, su vida estuvo marcada por la fuerza, la bondad y un corazón que siempre supo amar sin medida.
Realizó sus estudios de educación primaria en la Escuela Gabriela Mistral, y posteriormente cursó el ciclo común y diversificado en el Instituto Departamental de Oriente (IDO), donde obtuvo el título de Perito Mercantil y Contador Público. Ambos centros de estudio se encuentran en su ciudad natal, Danlí.
Más tarde, se trasladó a Tegucigalpa para continuar su formación universitaria en la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH), donde estudió la carrera de Derecho, la cual no llegó a culminar debido a su decisión de emprender un nuevo camino y viajar al país del norte en busca de un mejor futuro.
Fue una mujer trabajadora, incansable y valiente, que dedicó su vida a construir —no solo paredes y hogares— sino también sueños, confianza y amor en quienes tuvo cerca. En cada proyecto que emprendía, dejaba una huella de entrega, esperanza y dedicación.
Con sacrificio y esfuerzo, Dina dejó su tierra natal, su familia y una parte de su corazón atrás en busca de un mejor porvenir. Su valentía la llevó a enfrentar la vida lejos de casa, siempre con la esperanza de ofrecer un futuro más digno y lleno de oportunidades a los suyos. Quienes la conocieron saben que su fortaleza era tan inmensa como su amor.
En el arte encontró su refugio: pintar, crear y transformar lo simple en algo hermoso era su manera de sanar y expresar lo que llevaba dentro. Tenía una ternura infinita por los animales, a quienes cuidaba y amaba como a sus propios hijos, recordándole al mundo que el amor verdadero no conoce fronteras.
Dina no solo fue madre de una hija, sino madre de muchos corazones. Amó, guio y abrazó a todos los que la consideraron familia, porque en ella siempre había espacio para quien necesitara consuelo, un plato de comida o una palabra de aliento.
Sus hermanos —Salvador, Sara, Eva y Mohammed Ávila— la recuerdan con orgullo y con un amor imposible de borrar. Sus tres hermanas siguieron el ejemplo de su madre y se convirtieron en maestras, educadoras de corazón que, como Dina, dejaron huellas de amor y conocimiento. Su hermano, Salvador Ávila, sirvió con honor como coronel y posteriormente se formó como abogado, reflejando también el espíritu de esfuerzo, servicio y superación que caracterizó a toda la familia Ávila Zelaya.
Su hija, Emilie Ávila, fue su razón de vivir, su más grande amor, su espejo y su compañera de alma. Y su luz continúa viva en su nieta, Violeta Betsabé M., quien lleva su dulzura y su fuerza en la mirada.
Dina fue un alma que amó sin límites, que luchó con fe y dio sin esperar nada a cambio. Su partida deja un silencio inmenso, pero también una lección eterna: que servir, amar y perdonar son las verdaderas formas de trascender.
Hoy, su ausencia duele, pero su presencia sigue viva en cada recuerdo, en cada palabra que sembró y en el amor que dejó grabado en los corazones que tocó.
“Tu luz no se apaga, mamá, porque vive en todo lo que fuiste, en todo lo que diste y en quienes jamás te dejaremos de amar.”
El velatorio de Dina será el Viernes, 31 de Octubre del 2025, de las 9:00 AM to 11:00 PM en la Funeraria Leitz-Eagan, 4747 Veterans Memorial Blvd., Metairie, LA 70006. El entierro sera en Jefferson Memorial Gardens, 11316 River Rd, Saint Rose, LA 70087.
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v.1.18.0