

Matias Montes Huidobro falleció en la ciudad de Miami, a los noventa y un años. Sería imposible hacer justicia al escritor, el padre, y amigo a tantos, al intentar resumir en una nota de esta índole, el listado de sus éxitos literarios e intelectuales.. Habrá que acudir, inevitablemente, a consultar el extenso catálogo de su obra, única por su variedad y calado, en el panorama de la creación cubana contemporánea, considerado tanto la del exilio, como la que se produce dentro de Cuba, y a los testimonios de innumerables amigos y colegas.
Montes Huidobro fue, a su manera, (y acaso no haya otra, que la de cada cual) un hombre de inquietudes renacentistas. Su esposa, Yara González, le dedicó, con la percepción y devoción que la caracterizaban, un compendio de ensayos dedicados a analizar su producción, con el título de M.M.H. su obsesión por la escritura. Matías destacó en varios géneros de peso, además de ser un articulista brillante. No faltó entre los primeros, sus Memorias, cuya lectura, a ratos urticante, nunca está exenta de interés. El exilio lo marcó particularmente, lastimando su noción de pertenencia, y de patria, y sin dudas, amargándole más que nada su ansia de regreso al lugar imposible.
En las dos últimas décadas de su vida, se agudizó esta ansiedad a un grado, francamente deplorable. A veces soñó con volver de visita a La Habana, que era para él (como para Cabrera Infante y otros provincianos notables) toda la Cuba que añoraban. Las agudezas de su mujer, y las propias reflexiones a posteriori del exiliado, hacían que se llamara a capítulo: “¿Qué iba yo a hacer yendo a Cuba a estas alturas? Si por lo menos pusieran una plaquita en el solar donde crecí, y fui tan desdichado…”, pero consiguió dar a veces la impresión equivocada, a la que contribuyó con su terquedad y su orgullo. Fue un trabajador infatigable, pero no consiguió ver que ahí radicaba su triunfo.
El autor de estas notas solía recordarle una frase de Lezama que le gustaba mucho, pero que no conseguía persuadirlo, a fin de cuentas: “Los venzo porque son unos vagos”. No importaba ni mucho ni poco, bien para Lezama o para nuestro autor, determinar quiénes eran estos “vagos”. Matías vencía sobre sí mismo, y temo que se sacrificó en el altar de la literatura, como un desfasado héroe romántico, hasta el final. Deja sin publicar, además de un libro de crítica cinematográfica, escrito cuando lo peor del virus infame nos consumía como el cabo de una vela, y no quedaba más que ver viejas películas en la televisión, bien en compañía de Yara, o de su amigo, el escritor Luis Agüero, una obra de ficción (su primera novela, que devendría la última. Tal vez se hallen incluso otros manuscritos entre sus papeles.
Le sobreviven, su hija Ana Maria Balske y el esposo de ella Chris, y su nieta Ariel Balske, , su hijo Eugenio Montes y la esposa Peggy Patterson, y su nieto Justin K. Montes y la esposa de el, Jackie y su nieta Ariel Balske.
Lo extrañamos ya, sus familiares y amigos, y lo siente, indudablemente, la literatura cubana a la que tantas aportaciones hizo. Yara ha estado a darle la bienvenida al llegar. Está en paz el ansioso y complicado caminante. El Padre verdadero lo recibe como hijo pródigo. Ha estado ahí siempre. Nunca ha faltado de su lado, aunque él no consiguiera siempre sentir Su Presencia. Descansa en paz, querido amigo y compatriota.
El velorio para Matias se realizará el miércoles, mayo 11, 2022 desde la(s) 11:30 a. m. hasta la(s) 1:00 p. m. en Caballero Rivero Westchester, 8200 SW 40 Street, Miami, Florida 33155. Luego del velorio, se realizará un(a) sepelio a la(s) 2:00 p. m. en Our Lady Of Mercy, 11411 NW 25 St, Doral, Florida 33172.
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v.1.18.0