Yaretsi fue una joven de espíritu inquieto y valiente, con una disposición natural para mirar más allá de lo conocido y abrazar cada etapa con curiosidad y determinación. En su manera de estar en el mundo se notaban la dedicación constante y el empeño silencioso de quien no teme al esfuerzo, así como una atención genuina hacia los demás, marcada por gestos considerados y una sensibilidad serena.
Aun en los días más exigentes, Yaretsi conservó una ligereza especial: una forma de humor discreta y oportuna que sabía aliviar el ambiente y acercar a las personas. Quienes la conocieron guardarán el recuerdo de su presencia firme, su entrega cotidiana y esa combinación poco común de reflexión y alegría que dejaba huella sin necesidad de grandes palabras.
Yaretsi residía en Oakland Park, Florida. Su memoria permanecerá con gratitud y honor en el corazón de quienes la amaron y la acompañaron.