Como mamá, nos regaló su amor incondicional, su fortaleza y tantos momentos que permanecerán eternamente en nuestros corazones. Como esposa, hermana y amiga, fue una compañera fiel que supo brindar amor, alegría y una amistad sincera a quienes tuvieron la dicha de compartir la vida con ella.
Tenía una manera muy especial de llegar a las personas. Su alegría, su cariño y su forma de ser hicieron que dejara una huella imborrable en cada corazón que tocó. Hoy nos duele profundamente su ausencia, pero encontramos consuelo en todo el amor que nos dejó y en la promesa que Jehová nos brinda de volvernos a encontrar.
Una persona tan especial nunca se va por completo: permanece en nuestras memorias, en nuestras historias, en nuestras sonrisas y, sobre todo, en nuestros corazones.
Rosa Carmina, fuiste profundamente amada y serás inmensamente extrañada. Gracias por tu amor, por tu fortaleza y por haber dejado una parte de ti en cada uno de nosotros. Descansa en paz, querida mamá, esposa, hermana y amiga. Tu huella vivirá por siempre en nuestros corazones. Hasta que volvamos a encontrarnos. 🤍