

Originaria de Tlajomulco de Zúñiga, Jalisco, México, Elena fue una mujer cuya vida dejó una huella imborrable en los corazones de quienes tuvieron la dicha de conocerla.
Para su familia, Tía Nena fue mucho más que una tía. Fue una segunda madre, una mujer que brindó amor, compañía y cariño incondicional. Su presencia fue parte fundamental de nuestras vidas y sus recuerdos permanecerán para siempre en nuestros corazones.
Hoy recordamos con gratitud todos los momentos compartidos, sus enseñanzas, su cariño y los pequeños detalles que hicieron de ella una persona tan especial.
Aunque su partida nos llena de tristeza, encontramos consuelo al saber que su amor y su recuerdo vivirán por siempre en cada uno de nosotros.
Que Dios, en su infinita misericordia, la reciba en su Reino y le conceda el descanso eterno.
Descansa en paz, querida Tía Nena.
Siempre vivirás en nuestros corazones. Hasta que Dios nos permita volver a encontrarnos.
“Dale, Señor, el descanso eterno, y brille para ella la luz perpetua. Que descanse en paz. Amén.”
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v.1.18.1