
José Guadalupe Vidrio Morales (1/22/1931 – 2/2/2026). Nuestro padre nació en Cocula, Jalisco, y falleció en San Diego, California. Desde muy temprana edad mostró su habilidad para tocar el piano. Ya, en sus primero años de su adolescencia, se encontraba tocando el órgano en las misas de la parroquia. La gente se sorprendía al verlo tan joven tocando en las misas. “Este ha de ser el cien años,” decían algunos. Esto en referencia a una canción muy famosa en ese tiempo: Cien Años.
En su tierra natal, Cocula, conoció a nuestra madre, Florencia Ruelas Camacho, y empezó la procreación de sus dieciséis hijos e hijas (ocho hombres y ocho mujeres), como parte de un matrimonio bendecido por sesenta y tres años. Los hijos e hijas son: Nuestro hermano mayor, José Guadalupe (qepd), un servidor, Francisco Javier, José Luis, Juan Manuel (qepd), José de Jesús, Efraín, Pedro, Teresita de Jesús, Lucía, Rosalva, Leticia, Margarita, David, María del Rosario, Beatriz, y Esther.
Estuvieron nuestros padres algunos años en Tamazula, Jalisco, cerca de Ciudad Guzmán. Comenzando los años sesentas la familia se mudó a la ciudad fronteriza de Tijuana, Baja California. Nuestro padre José Guadalupe, empezó a tocar el piano en algunas orquestas y el órgano en las iglesias. Hasta que llegó el día que pudo conseguir su documentación para poder trabajar en la ciudad de San Diego, California. Aquí empezó su rutina diaria de cruzar la frontera todos los días.
Nuestro padre comenzó a trabajar en la iglesia de Nuestra Señora de Guadalupe, a finales de los años sesenta, como cantor, organista, y conserje de la iglesia y la escuela. Trabajo que
desempeñó por décadas, hasta su retiro. Desde pequeños,
nos subíamos al coro, y veíamos a papá tocar aquel órgano de tubos y su habilidad de tocar el juego de pedales con sus pies. Su canto, su órgano, se escuchaba en las celebraciones religiosas, quinceañeras, bodas, funerales.
A finales de los años ochentas, la familia pudo emigrar a la ciudad de San Diego, California. Gracias a la gran ayuda del padre Brown, párroco en aquel entonces, pudo tener su lugar de residencia.
Nuestro padre José Guadalupe Vidrio Morales. Hombre lleno de fe en Dios y en la Virgen de Guadalupe. Comprometido con su esposa y su familia. Responsable, trabajador. Siempre su presencia constante en el hogar, en las buenas y en las malas.
Nuestro padre no era expresivo, cariñoso, cuando se trataba de demostrar o decir palabras de amor o afecto. Pero nos lo demostró en tantas diferentes formas en su vida cotidiana, en su trabajo diario para que no faltara lo necesario en el hogar. Nos dio su ejemplo de su gran fe en Dios, con sus palabras, pero sobretodo, con sus acciones.
Te amamos Papá. Después de noventa y cinco años de vida y bendiciones en este mundo, ya descansas en los brazos de Dios. Te amamos Papá. Vives ahora aquí, por siempre, en nuestros corazones.
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v.1.18.0