21 de noviembre de 1968 — 12 de septiembre de 2026
La vida de Alejandra fue un milagro y un regalo de Dios.
Durante veinte años después del cáncer, Dios nos concedió la bendición de seguir disfrutando de su presencia, de su hermosa sonrisa, y de esa alegría tan especial que llevaba consigo a dondequiera que iba.
Sus hijos fueron su más grande amor y la fuerza que la impulsó a seguir luchando y aferrándose a la vida. Amó profundamente a sus padres, a sus hermanos, a toda su familia y a tantas personas que tuvieron la dicha de conocerla.
Alejandra tenía un corazón noble, sin rencores y con un alma de niña. Era juguetona, bromista y alegre. Le encantaba bailar, viajar, disfrutar de las reuniones familiares. Su risa tenía una manera especial de llenar el lugar y contagiarnos a todos.
Su hermoso camanance hacía aún más especial su sonrisa, y sus preciosas pecas eran parte de esa belleza que todos recordaremos con tanto cariño.
Fue una mujer generosa. Le gustaba donar, compartir y tener detalles bonitos con las personas que quería. Dar amor y hacer felices a los demás era parte de su manera de ser.
Hoy no queremos recordar a Alejandra solamente por la enfermedad contra la que luchó, sino por los veinte años de vida, amor, risas, viajes, bailes y recuerdos que Dios nos regaló junto a ella.
Su partida deja un vacío inmenso, pero también nos deja una vida llena de recuerdos que jamás podrán borrarse.
Su alegría seguirá presente en sus hijos, en sus hermanas y familia, en nuestras reuniones, en cada historia que nos haga volver a reír y en cada canción que nos recuerde cuánto le gustaba bailar.
Alejandra, fuiste un milagro de Dios, una alegría para nuestra familia y un regalo que llevaremos por siempre en nuestros corazones.
Hasta que volvamos a encontrarnos.
Mi sister hermosa, te amo y me harás mucha falta. Eres uno de los pilares de mi vida y siempre vivirás en mi corazón. Hoy encuentro consuelo al saber que estás nuevamente junto a mi madre. TE AMO ALITA CHULA
Hasta que volvamos a encontrarnos, E.I