Donde haya odio, siembre yo amor;
donde haya injuria, perdón;
donde haya duda, fe;
donde haya desesperación, esperanza;
donde haya tristeza, gozo.
¡Oh, Divino Maestro!,
concédeme que no busque tanto ser
consolando como consolar;
ser amado como amar.
Porque dando es que recibimos.
Perdonando es que somos perdonados.
Y muriendo es que renacemos
a la vida eterna.