Benjamin pasó su juventud en su querido pueblo conocido como "El Raton", rodeado de su familia y comunidad, honrando siempre a su padre y a su madre, que en paz descansen. Los recuerdos compartidos con sus hermanas y hermanos permanecen entrelazados desde aquellos años.
A lo largo de su vida, la pasión que lo alumbraba como una antorcha nunca se apagó y le dio la fuerza para realizar sus metas, cumplir sueños, desarrollar proyectos y compartir con todos de manera genuina. Hay mucho que admirar de una persona que dejó una impresión profunda en tantas vidas.
Desde joven voló alto, de los 16 con su fe en Dios, su ángel de la guarda y su determinación, emprendió su camino hacia el norte.
Su historia está llena de adversidades superadas que dejan asombrado a quien las escucha. Vivió etapas en lugares como San Antonio, Waller, Houston, Pasadena, Luisiana, Nuevo México, California, Montana, Canadá y África, dejando huella dondequiera que estuviera.
Su especialidad era la soldadura, pero también se le reconocía por su sabiduría y amplio conocimiento en arquitectura, electricidad, mecánica, construcción, ingeniería y su habilidad para resolver cualquier problema, sin importar lo complejo que fuera.
Su amor por la música era evidente, en cada celebración bailaba o cantaba, siempre entre los últimos en dejar la pista.
De todos sus orgullos, el más grande fue su familia: su esposa, Isabel María Juarez; su hijo, Benjamín Juarez Jr.; su hija, Isabella Juarez; y sus hermanos José, Lupita, Juana, María, Chuy, Martín, Elena, Jaime y Benito. También sus padres, Benjamín y María Guadalupe Juárez, quienes lo precedieron en el descanso eterno. A
esta familia se suman sus sobrinos, sobrinas y amigos que él considera como familia, así como las extensiones de su hogar: su nuera, Haley Juarez, y su nieta, Ryleigh Hester, quienes llenaron su vida de alegría y orgullo.
Pero sobre todo, su mayor orgullo fue su nieto, Mateo Benjamín Juarez, quien le otorgó su título favorito: Abuelo.