Nacida en Ciudad Obregón, Sonora, el 21 de Junio de 1960, fue la mayor de siete hermanos, a quienes cuidó y protegió con amor. Maravillosa Madre de cuatro hijos, Luis, Mari, Hilda y Edgar, supo guiarlos con sabiduría y ternura, inculcándoles valores que los acompañarán a lo largo de sus vidas. Además, fue una ‘weta’ adorada por sus 14 nietos, quienes encontraron en ella un refugio de cariño y alegría.
Su espíritu y su capacidad de amar incondicionalmente la convirtieron en una persona especial, siempre dispuesta a tender una mano a quien lo necesitara. Su corazón generoso no conocía límites y supo tratar a cada persona como si fuera de su propia familia.
Ahora, se reunirá en el cielo con su amado padre y hermano, quienes la esperan con los brazos abiertos.
Su partida deja un vacío en nuestras vidas, pero su recuerdo vivirá eternamente en cada uno de nosotros. Su ejemplo de amor, compasión, valor y entrega será nuestra guía y nuestra inspiración.
Descansa en paz, querida madre. Tu legado vivira por siempre.