Tenía una gran memoria, recordaba detalles extraordinarios de su niñez y citas enteras de libros, cine y conversaciones. Le gustaba el café, las pasas, el rock, las historias de guerra, las Golden Girls, el fútbol de los sábados por la mañana, Macbeth y estudiar.
No tenemos palabras para expresar cuánto nos hace falta o explicación para por qué su cuerpo se ensaño tanto con ella. La recordamos siempre sus papás, Rosa y Héctor, y sus hermanos Mónica y Robert.
Se graduó con un doctorado de filosofía en química orgánica de Connecticut University y un postdoctorado de Yale University. Trabajo en industria y también fue profesora en Rhode Island College y Bridgewater State College.
A veces la palabra amor es demasiado pequeña para describir lo que se siente por alguien como Rosa. Pero, es con amor que hemos vivido a su lado y con amor que hemos compartido el mismo apellido con ella. Tuvimos suerte los que la hemos tenido en nuestras vidas y soñamos con verla otra vez, sus pies chiquitos, sus menos de cinco pies de estatura, el sonido de su voz, su rabia para las cosas y el brillo de sus ojos.
Nos despedimos de ella el 29 noviembre del 2015.