

Amada madre, abuela y matriarca de la familia Paz, nació el 20 de septiembre de 1930 y entró a su hogar celestial con el Señor el 11 de diciembre de 2025, a la edad de 95 años.
Cipriana vivió una vida arraigada en el amor, el servicio y una fe inquebrantable en Dios. Como el corazón de su familia, su ausencia deja un vacío inmenso que las palabras no pueden expresar. Amó de todo corazón y de manera desinteresada, recibiendo a todos con calidez, generosidad y hospitalidad. Fue una talentosa cocinera y amante de las plantas, se deleitaba en compartir sus plantas y remedios naturales, atendiendo tanto dolencias como heridas, y alimentando a los demás no solo con comida, sino con amabilidad y cuidado.
Por encima de todo, Cipriana fue una mujer de fe profunda y constante. Dedicaba sus mañanas a la oración, amaba pasar tiempo leyendo la Palabra de Dios, y encontraba gozo inmenso en compartirle a cualquiera que cruzara su camino del amor de su amado Jesucristo. Su vida reflejó el amor de Cristo tanto en palabra como en acción, sirviendo como un hermoso ejemplo para todos los que la conocieron. Su fe guió a su familia e inspiró a generaciones que tuvieron la bendición de ser testigos de su devoción.
Le sobreviven sus cinco hijos: Alberto Paz (Silvia), Gloria Vega (Delfino), Margarita Vega (Gregorio), Maria Vega (Roberto) y Javier Paz (Carmen); y numerosos nietos, bisnietos y tataranietos, quienes continuarán su legado de fe, amor y compasión.
Es profundamente amada por su familia y amigos y será recordada por su espíritu fuerte, su fe firme y el amor profundo que compartió tan generosamente. Aunque es profundamente extrañada, su vida es un testimonio de la gracia de Dios, y su memoria vivirá por siempre en los corazones de todos los que tuvieron la bendición de conocerla.
“He peleado la buena batalla, he terminado la carrera, he guardado la fe.”
— 2 Timoteo 4:7 (RVR60)
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v.1.18.0