Angel Enrique Belardo Rivera residía en San Juan, Puerto Rico. Su partida deja un espacio difícil de llenar y un recuerdo que permanece con dignidad y gratitud en quienes tuvieron el privilegio de conocerlo.
Que su memoria sea honrada con serenidad y aprecio, y que quienes lo lloran encuentren consuelo en el valor de una vida plenamente vivida.