

Con profundo respeto, se comunica el fallecimiento de Carlos Alberto Rivera Galindo, nacido el 2 de marzo de 1933 en San Salvador, El Salvador, quien partió el 14 de junio de 2026 a los 93 años. Residió en Carolina, Puerto Rico, dejando una huella perdurable en su familia, en sus estudiantes y en todos quienes tuvieron el privilegio de conocerlo.
Desde sus primeros años, Carlos Alberto se distinguió por una curiosidad amplia y una determinación constante. Nació en San Salvador en 1933 y realizó estudios en El Salvador y en la Universidad de Puerto Rico. Su formación también lo llevó a México e Italia, experiencias que ampliaron su visión y fortalecieron un carácter resiliente, valiente y siempre dispuesto a aprender.
Dedicó su vida profesional al estudio y la enseñanza, con la seriedad del trabajador incansable y la sabiduría de quien entiende que el conocimiento cobra sentido cuando se comparte. Estudió Economía Agrícola y Planificiación Economica, y por más de 20 años se desempeñó como asesor economico de la Cámara y Senado con el Gobierno de Puerto Rico. Además de su labor como profesor, fue el Director de Planificación de la Universidad Interamericana de Puerto Rico. Su trayectoria se extendió también como asesor y consultor economico de diferentes compañias y empresas en Puerto Rico, siempre con una vocación de servicio marcada por la bondad y el compromiso.
En el ámbito académico, Carlos Alberto fue profesor de diferentes universidades por aproximadamente 50 años. En sus aulas, su talante amable y su humor oportuno se unían a una exigencia formativa que buscaba elevar a cada estudiante. Carlos siempre quiso inculcar un sentido de responsabilidad en todos su estudiantes y alumnos durante toda su carrera profesional, y ese empeño, sostenido con firmeza y respeto, se convirtió en una de sus contribuciones más inspiradoras.
Al viajar a estudiar a Puerto Rico, contrajo nupcias con María del Rocío en Mayaguez, en 1969. Fue padre de 4 hijos: Glorimar, Karla, Carlos Alberto y Geancarlo. Además, tuvo sus hijos Yazmín, Alberto, Carlos Mauricio y Violeta. En su vida familiar, fue un hombre querido, bondadoso y presente, cuya fortaleza se expresó tanto en la guía cotidiana como en la serenidad con la que supo acompañar los caminos de los suyos.
Sus pasatiempos constaban de viajar, construir y hacer mejoras a la casa, descansar en su hamaca y escuchar música. En esas aficiones se reflejaba su espíritu aventurero y su capacidad de encontrar alegría en lo sencillo: el descanso merecido, el hogar cuidado con esmero y la música como compañía fiel.
El mayor legado de Carlos Alberto son sus historias, su humor, sus hijos y nietos. A través de sus palabras, su ejemplo y manera de orientar, dejó sembrado un sentido de responsabilidad en sus hijos y estudiantes. Así como una memoria afectuosa que permanecerá viva en cada conversación que lo recuerde y en cada enseñanza que continúe dando frutos.
La familia quiere expresar su gratitud a todos los familiares y amigos que expresaron su interes y se preocuparon por su salud. Su acompañamiento, cercanía y solidaridad han sido un consuelo invaluable en este tiempo.
Todos lo recordarán por su peculiar formalidad al vestirse y su alto tono de voz al hablar.
COMPARTA UN OBITUARIOCOMPARTA
v.1.18.0