

Haydée Diaz Ramos nació en Diciembre 28 del 1925, en la ciudad de Yauco, cede del gran cacique taíno Agueybana: “pueblo perfumado por la esencia del café”. La menor de nueve hijos: Joaquín, Pedro, Rafael, Eduardo, Pura, Antonia, Claudia, y Carmen.
Su padre, Joaquín Diaz Diaz, nació en Infiesto, aldea de Miyares en Asturias, España en 1882. Emigró a Puerto Rico e hizo su residencia en Yauco donde se desarrolló exitosamente como comerciante y agricultor. Llegó a tener panaderías en toda la isla y una finca de caña, productos menores y ganado llamada Jacana. Murió en Yauco en 1938.
Su madre, Juana Micaela Ramos Rodríguez, nació en Yauco en 1887 y murió en San Juan en 1976 a los 89 años de edad. Minina, como cariñosamente la llamaban, quedó viuda muy joven y tomo riendas de la finca, la cual manejó exitosamente, y con compasión y generosidad para sus trabajadores. Fue siempre muy católica, teniendo en su hogar un pequeño altar donde encendía velas y rezaba a todos los santos.
De su madre, Haydée heredó: el fervor a la religión católica y la costumbre de encender velas para pedir favores a través de los santos. Todas las noches, antes de acostarse, se persignaba frente a su pequeño altar a la Virgen. De su madre también heredó su generosidad, el valor, la tenacidad y la confianza en sí misma. De su padre, su espíritu emprendedor y aventurero.
Su abuela materna, Ana Rodriguez Üfret, era una mujer muy independiente. Haydée contaba que Jose la pidió como su prometida tres (3) veces y abuela Ana le dijo, “No le hagas caso a mi hija y llévatela”. Abuela Ana era prima de Lola Rodriguez de Tió, poetiza desterrada dos veces por luchar por la independencia de Puerto Rico en contra de la colonia con España. Lola reusó establecer residencia en Puerto Rico mientras esta fuese una colonia y murió en Cuba en 1924. Ambas abogaron por los derechos de la mujer, en especial el derecho al voto.
De ellas Haydée heredó su independencia, su pasión por los derechos de Puerto Rico, el sentido de justicia, y su afición a la política. Autonomista hasta el final, fue fiel seguidora de Luis Munoz Marin y su “fuego” Popular, participaba en marchas, mítines políticos, y representaba a su partido en colegios electorales. Cuantas veces expreso apasionadamente sus comentarios políticos en la radio, en los programas de Ojeda y de Bennie Frankie Cerezo, llamando en nombre de Haydée Ramos para ‘proteger’ a Kiko.
En diciembre 15 de 1945 se casó con José Pedro Alberto Negroni Vivaldi, residente también de Yauco. Aunque su primera impresión no fue muy positiva (“que colorao más antipático”) este llego a conquistarla interrumpiendo sus relaciones al ser llamado a servir en la Segunda Guerra Mundial como 'Technical Sergeant' en el servicio militar de Estados Unidos. Una vez casados, Haydée invirtió su herencia de $6,000 en una casa en Baldrich en San Juan. Allí Jose inició sus estudios, con la ayuda del GI Bill, en Administración Comercial con concentración en Economía, en la Universidad de Puerto Rico. Una vez terminada la ayuda federal, y con la ayuda y la inspiración de su esposa que alquilaba cuartos con comida para lograrlo, terminó su bachillerato con honores. De allí Jose pasó como servidor público al Departamento de Asuntos del Consumidor de Puerto Rico, DACO, donde trabajó por 30 años.
En Baldrich comenzaron una familia. Siendo devota de la virgen de la Milagrosa y pidiéndole por un buen parto, Haydeé Milagros nació el 20 de julio de 1948. Un 22 de mayo de 1951 les nació un hijo al cual llamaron como su padre, José Alberto. Su matrimonio fue muy feliz. José era un hombre dulce y amoroso que amó a Haydée fiel y tiernamente.
Haydée y José llegaron a realizar su sueño de disfrutar de una pequeña finca en Cidra en donde sembraron palmas de coco, y árboles de Mango, Limones, Chinas, Nísperos y Papaya, entre otros, donde cosechaban y desgranaban gandules, y atendieron un pequeño gallinero que les proveía huevos frescos 'del país'. En “El Campito”, jugaron sus nietos y se reunían familiares y amigos. Fueron muchas las ocasiones que disfrutaron juntos del fresco y la sencillez de la vida en las montañas de Puerto Rico.
Haydée y José viajaron mucho juntos y con sus hijos, por el Caribe, Europa y por todo los Estados Unidos en avión, barco, y en casas motorizadas.
Haydée era la disciplinaria, copilota de José (aunque nunca aprendió a manejar) y, con su carácter fuerte y emprendedor, se conoció como la matriarca de la familia. Llego a vender huevos, pollos, pastelillos y, al final, trajes de mujer para sustentar el sueldo y cubrir esos “gastos extras” que la llenaban de placer como vestir bien a sus hijos con ropa de calidad, darles una buena educación en escuelas privadas, un carrito para José ir a Mayagüez y llevar a Haydecita a ser Reina del Café de Yauco.
Haydée era una mujer alegre, gregaria, entablaba conversación con cualquiera y en el Club Yaucano ambos encontraron, junto a sus inseparables hermanos Carmen y Oscar, un medio de diversión junto a un grupo alegre y jocoso que se reunía a menudo y viajaban juntos. Sus comparsas tenían fama.
En el vecindario, Haydée era la que resolvía problemas y ayudaba a encontrar lo perdido, salvar lo salvable, alentar al enfermo, y aconsejar al que le pedía consejo. Consuelo para los envejecientes y los mentalmente incapacitados, no había petición a la que no respondiera siempre con esa actitud de urgencia.
La vida de Haydée fue una plena y llena. No hubo sueño que ella no logró con su esfuerzo y su optimismo y lo que no consiguió no fue por falta de enfoque ni tenacidad. Aunque fue su anhelo y su vocación, no logró su deseo de llegar a ser enfermera, pero siempre utilizaba sus dotes cuando la oportunidad se presentaba. Una vez un extraño se desplomó en la acera frente a su casa y Haydée corrió a socorrerlo sin preguntar ni preocuparse nada más en ayudarlo con los primeros auxilios. Cuidó de su madre, y viajaba a Yauco a menudo para visitarla y cuantas veces era necesario por razones de salud. Construyó un mirador en su casa para tenerla cerca, estuvo a su lado al morir y fue quien la vistió en su lecho de muerte como eran los deseos de su madre. Cuando su esposo cayó en cama debido a una intervención quirúrgica complicada con una infección, Haydée estuvo fielmente a su lado, cuidándolo hasta regresarlo a su hogar, y devolverle su salud y muchos años más de vida juntos.
Pero su mayor decepción, después de muchos años de lucha y tiempo y dinero perdido, fue el no poder lograr su ilusión de disfrutar de un predio de terreno heredado de su madre en la Jacana, lugar de sus más bellos recuerdos y al cual nunca logró acceso. Con sus dotes de emprendedora, su visión y entusiasmo, Haydée pagó los servicios de un ingeniero para completar los planos de una pequeña urbanización en dicho terreno que le brindaría un beneficio económico y la llenaría de satisfacción. Luchó por muchos años pero, al final, su sueño fue tronchado lo que siempre considero y sintió como una falta de justicia.
Al pasar los años Haydée vio a sus hijos graduarse, casarse y darles nietos y biznietos. En 1969, Haydeé Milagros se graduó en tres años, magna cum laude, de la Universidad de Puerto Rico en Administración Comercial con concentración en Economía, siguiendo los pasos de su padre. En 1973 José Alberto se graduó de Ingeniero Químico de la Universidad de Mayagüez, adquiriendo subsecuentemente una maestría en Ingeniería Industrial de la Universidad de Stanford y un MBA. Fue socio fundador en la creación de MOVA, una farmacéutica puertorriqueña y al final de su carrera pasó a ser vice presidente de operaciones de Warner Chilcott en Puerto Rico. Motivos de orgullo y satisfacción.
Haydeé Milagros se casó con J. Guillermo Castro Monllor y le dieron tres nietos: Yanira Haydeé, Guillermo Jose y Andrés Antonio. Yanira, la primera nieta, le puso el nombre por la que la conocieron todos sus nietos y bisnietos: Ayeya.
José Alberto se casó con Lorraine Hernández y le dieron también tres nietos Alberto Jose, Carlos Emilio, y Lorraine Elena (‘Lorena’). Alberto se casó con Nyliam Brignoni y fue el primero en darle biznietos, los gemelos Carlo Alberto y Amauri Jose, y más tarde una biznieta, Nicole Natalia. Carlos se casó con Samira Rosa e Ignacio Andrés nació en el 2013, Lorena se casó con Javier Rebollo y Carolina Isabel nació en el 2014.
Yanira se casó en Nueva York con Brett Crocitto y Lucien nació en el 2007. Guillermo Jose se casó con Beth Saas en Atlanta y Mae Elizabeth nació en el 2006. Andrés está soltero en Florida.
En el 2009 Oscar, hermano de José y esposo de su hermana Carmen, falleció. Esto fue un golpe grande para ambos José y Haydée ya que ambas parejas eran inseparables. En el 2010 Carmen, su hermana, fallece lo cual le afecta grandemente. En el mismo año, José se desploma frente a ella con un infarto cerebral del cual nunca recuperó. José murió el 22 de octubre del 2010. Haydée no fue la misma desde entonces. Nunca lo olvido y todas las noches, antes de apagar la luz, le daba un beso a su retrato que tenía siempre en su mesa de noche.
La muerte de sus inseparables hermanos y la de su fiel y amante compañero comenzó a deteriorar su mente y sus deseos de vivir. Esto, complicado con su delicada salud, y al final los derrames que le causaron demencia vascular y Alzheimer causaron un deterioro progresivo y, en sus últimos años, acelerado.
Como fue su deseo, Haydée continúo disfrutando de su casa en Baldrich junto a acompañantes que la ayudaban a conservar su calidad de vida. José, su hijo, con el apoyo de su esposa Lorraine tomó las riendas y coordinación de las finanzas, su salud personal y el mantenimiento de la casa mientras ella lo necesitó. Las visitas de sus sobrinas Ingrid, quien la llego a cuidar y la hacía disfrutar con su entusiasmo y su espíritu siempre alegre y Pitty, siempre dulce y consecuente; las conversaciones con las vecinas, en especial Maripi y Sheila, las llamadas de su consuegra Inés y la alegría que siempre le proporcionaron los niños Perla y Gabriel, hijos de Rosi, y en sus últimos años sus biznietos Ignacio y Carolina la llenaban de alegría y energía. Por más de cinco años Rosi, Blanca, Brunilda, Dinora y Nelly, entre otras, la cuidaron con mucho amor hasta que su deterioro fue demasiado para ellas y peligroso para su salud. A comienzos del 2015, sus hijos decidieron que, por su bien y la tranquilidad de todos, era necesario que pasara a un Hogar para envejecientes donde estuviera en constante cuidado, con todas las facilidades y servicios médicos y en donde ella podía disfrutar de sus últimos años de vida. Después de considerar varios, escogieron a Sunrise Senior Center en Hato Rey.
Ayeya descanso después de una larga lucha y complicaciones debido a una pulmonía en el Hospital Pavía en Hato Rey el 20 de julio del 2015 a las 8:00 de la noche. Se encontró con su amado Kiko para reanudar su “amor que nunca termina’: "Nuestro amor es tan grande que nunca termina, y esta vida es tan corta que no basta para nuestro idilio."
Siempre la recordaremos como la hija, esposa, madre, abuela, bisabuela, hermana y amiga amorosa y fiel: como la mujer fuerte, valerosa, apasionada, emprendedora y servicial y de convicciones profundas que defendió hasta el final.
Te amaremos siempre…
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v.1.18.0