Residente de San Juan, Puerto Rico, Israel será recordado por la serenidad con la que acompañaba a los suyos y por la calidez que ofrecía sin estridencias. En su trato cotidiano se reflejaban una paciencia constante y una gentileza natural, cualidades que brindaban consuelo y confianza a quienes tuvieron el privilegio de conocerlo.
Su manera de estar en el mundo también dejaba ver un espíritu abierto a lo nuevo: una disposición a explorar, a avanzar con curiosidad y a enfrentar los caminos de la vida con ánimo y determinación. Esa combinación de sensibilidad y valentía tranquila definió su presencia y dejó una huella perdurable.
Hoy, al despedirlo, honramos su memoria con gratitud y recogimiento, guardando en el corazón el ejemplo de su compasión, su temple apacible y la dignidad con la que vivió.