Juana residía en San Juan, Puerto Rico. Su vida, marcada por la dignidad y la serenidad que inspiran gratitud, deja una huella perdurable en quienes tuvieron el privilegio de conocerla y acompañarla.
Hoy, familiares y seres queridos honran su memoria con recogimiento y estima, recordando el valor de su presencia y el significado de su legado.