

Con profunda pena, se comunica el fallecimiento de Julio Muñiz Burgos, ocurrido el 27 de abril de 2026, a la edad de 90 años. Residía en Hato Rey, San Juan, Puerto Rico. Julio Muñiz Burgos, Julin y Julito, como cariñosamente le conocía su familia y sus amigos respectivamente, nació el 17 de marzo de 1936 en el Barrio Rio Cañas, Sector La Changa, Caguas, Puerto Rico. Fue el décimo de doce hermanos, seis varones y seis hembras, en el seno del hermoso matrimonio de 75 años de Josefa Burgos Aquino y Antonio Muñiz Valdés. Aunque cursó tres años de estudios de premédica en la Universidad de Puerto Rico, su camino profesional dio un giro tras un trabajo de verano que le reveló su vocación empresarial; esto lo llevó a convertirse en un exitoso contratista de la construcción con proyectos en toda la isla.
En su primer matrimonio fue padre de dos hijos, Julio y Glori Muñiz Valiente, y con ellos llegó una alegría que lo acompañó siempre: la dicha de ser abuelo de cinco nietos. Más adelante, compartió 30 años de sólido matrimonio con Rosita Giusti, a quien amó profundamente, y cuya memoria honró con dignidad y fortaleza tras su inesperada partida. En ese hogar, Becky Serracante Giusti, hija de Rosita, ocupó un lugar muy especial en su corazón, reflejo de la amplitud de su cariño y de su manera compasiva de hacer familia.
A Julin/Julito le encantaba viajar, y recorrió el mundo junto a su amada Rosita, celebrando la vida con esa mezcla de curiosidad serena y gratitud que lo distinguía. También disfrutaba de los encuentros sencillos y entrañables: su deporte favorito era “empinar el codo” en compañía de familiares y amigos, y convertir una conversación en un momento memorable, con calidez, buen humor discreto y afecto sincero.
Perteneció a los Caballeros de Colon de Caguas, y encontraba verdadero gusto en lo comunitario: compartir a diario con sus allegados un buen vino y una larga sobremesa, donde su trato amable y su mirada sabia hacían que cada persona se sintiera bienvenida. Fue, en el sentido más pleno, un hombre amado: por su forma de estar, de escuchar, de sostener y de dar.
Julio fue un hombre de firmes valores, recto y formal, dedicado a su esposa Rosita y recordado por su carácter noble y su entrega incondicional a quienes amó.
Su legado de amor, compromiso y dedicación permanecerá vivo en todos aquellos que tuvieron el privilegio de conocerlo. A lo largo de su vida, Julin/Julito/Julio fue reconocido por su generosidad y su trato amable, cualidades que se reflejaban en la manera serena y considerada con la que se relacionaba con quienes le rodeaban. Su espíritu trabajador dejó una huella de ejemplo silencioso, y su sabiduría, forjada con los años, se manifestaba en palabras oportunas y en una presencia que brindaba calma y orientación. Con compasión genuina, supo acompañar y sostener, ganándose el aprecio sincero de muchos y permaneciendo, por ello, profundamente amado.
Siempre lo recordaremos por el buen ejemplo que dio a sus hijos, nietos, bisnietos, sobrinos y todo aquel con quien compartía.
Sus familiares agradecen las muestras de cariño y solidaridad en este momento de duelo.
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v.1.18.0