Anida será recordada por la calidez con la que trataba a quienes la rodeaban y por una manera de estar en el mundo marcada por la consideración y el cuidado hacia los demás. En su presencia, muchas personas encontraron consuelo, cercanía y un afecto sincero que dejaba huella.
Residente de Guaynabo, Puerto Rico, Anida deja una memoria entrañable, sostenida por el cariño de quienes tuvieron el privilegio de conocerla y acompañarla. Su vida, vivida con bondad y compasión, permanece como un legado de amor y respeto en el corazón de los suyos.