Olga Doralia será recordada con especial aprecio por quienes tuvieron el privilegio de conocerla. En su vida cotidiana dejó huella por su dedicación constante y su manera responsable de asumir cada tarea, reflejo de una ética de trabajo firme y silenciosa. A la vez, su trato considerado y atento habló siempre de una sensibilidad serena: una presencia que sabía escuchar, cuidar los detalles y ofrecer apoyo con discreción y respeto.
Su memoria permanecerá como la de una mujer querida, cuya entrega y consideración se hicieron sentir en los espacios que compartió y en los vínculos que cultivó a lo largo de los años.
Que descanse en paz.