

Nació en 1941 en el pueblo de Sancti Spiritus, Cuba y era el penúltimo de 12 hermanos de una familia muy unida.
Su padre, Don Ruperto Castro Ferrer, fue un agricultor que educó a su familia a la antigua, haciendo a sus hijos participes de las labores de la finca.
Su madre, Doña Mercedes Betancourt Yero, era una matriarca que gobernaba con mano firme un hogar con seis hijos varones y seis niñas.
“Cuco” era el menor de los hermanos varones, por lo cuál fue el consentido de su madre, el más mimado de sus hermanas, y el protegido de sus hermanos varones; el amaba a su familia profundamente y sus hermanos lo adoraban.
“Cuco” se formó como comerciante de la mano de mentores que lo ayudaron desde temprana edad en Cuba y luego en el exilio.
Precisamente, su espíritu emprendedor le hizo imposible permanecer en su país después de la institución del gobierno socialista subsiguiente a la Revolución Castrista del 1959. Tardó 7 años en reunir dinero para comprar “pasaje” en una lancha clandestina hacia Florida y en 1966 fue arrestado junto a otras personas que iban en un camión de camino al puerto de donde zarparía la lancha clandestina; siempre narraba la sensación de horror que sintió cuando vio a los militares ametrallar a uno del grupo que intentó escapar. Por el crimen de querer salir de su país a buscar un mejor porvenir, el Gobierno Cubano lo acusó de “contrarrevolucionario” y lo sentenciaron a 42 meses de trabajo forzoso en la “Agricultura” cortando caña.
Curiosamente, esta penosa etapa de su vida lo llevó a hacer amistad con otro prisionero político que le presentó a “Daisy” (María Monte de Oca Olmo), con quién se casó a los pocos meses de conocidos y con quién emprendió la aventura del exilio. Está aventura comenzó en España, seguida por varios meses en Costa Rica, una breve estadía en New Jersey, donde nace su primer hijo Rafaelito, y culmina en su querido Puerto Rico.
En la primavera de 1972, “Cuco” llegó a Jayuya, Puerto Rico invitado por su primo Alberto para conocer en persona el próspero país que tanto le decían que se parecía a su Cuba natal. A los dos meses llegó “Daisy” de New Jersey con su hijo recién nacido y comenzaron su vida familiar. Al año de llegar a Puerto Rico “Cuco” y “Daisy” tenían casa, carro, y negocio propio; al segundo año tenían un pequeño taller de costura en la casa y al tercer año abrieron su primera tienda de ropa en el Pueblo de Bayamón; al quinto año nace su hija Yamila y de esa manera completaron su familia puertorriqueña. Puerto Rico le abrió los brazos a “Cuco” y el dedicó 51 años de su vida a su país adoptado.
Su carácter decidido y determinado le fueron herramientas importantes para emprender negocios y criar a una familia lejos de los suyos. Durante los años 80 y 90 “Cuco” viajo a Cuba en varias ocasiones para ver a su familia y se encargó junto a su hermano Anderson, de gestionar el exilio de los hermanos que quedaban en Cuba. Tras 20 años de esfuerzos logró ver a la mayor parte de sus hermanos exiliarse a la Florida con sus familias. Ya quedan pocos de sus hermanos vivos, pero durante las frecuentes reuniones familiares en Florida, sus sobrinos recuerdan al Tío “Cuco” como orgullo de la familia y no olvidan su generosidad.
Detrás de la coraza que los retos de la vida le hizo desarrollar, “Cuco” fue un romántico hasta el final. Cantaba canciones de Armando Manzaneros, declamaba poesía de vez en cuando, y le encantaba ver el programa de televisión “Enamorándonos”. Estar en el mar y estar con su familia eran sus pasatiempos favoritos. Le gustaba contar historias de su juventud temprana cuando crecía en la finca rodeado de hermanos mayores, de su época como comerciante clandestino durante los primeros años de la revolución cubana, de los personajes que conoció en la “Agricultura”, y de sus años como emigrante recién salido de Cuba. También recordaba mucho a su esposa “Daisy”, la cual lo acompañó en todas su aventuras, lo amó profundamente, y la perdió en el 2009 tras una batalla cruenta y prolongada contra un Cáncer.
Para sus hermanos queridos “Cuco” era el Boricua.
Para sus vecinos de toda la vida en Sierra Bayamón nunca dejó de ser el Cubano.
Para sus hijos siempre será la figura intrépida que los enseñó con su ejemplo a enfrentar los retos de la vida con audacia y convicción, especialmente cuando las circunstancias están en tu contra.
Para sus nietos, “Cuco” será el abuelo que tanto cariño les dio y mantuvo vivo el recuerdo de la abuelita “Daisy”; Esa abuela que casi no conocieron porque tenían solamente 3 años de edad cuando se fue al cielo y de quién hablaba el abuelo “Cuco” frecuentemente con lágrimas en los ojos.
Abuelo “Cuco”, Papi, te queremos y te recordaremos siempre.
COMPARTA UN OBITUARIOCOMPARTA
v.1.18.0