Rafael, residente de Guaynabo, Puerto Rico, fue un hombre generoso, inspirador y trabajador. Conocido por su espíritu de buen samaritano, su resiliencia y su sabiduría, Rafael dejó una huella imborrable en todos aquellos que tuvieron el privilegio de conocerlo.
Su legado de bondad y fortaleza perdurará en la memoria de quienes lo amaron y admiraron.