

Ramón Rivera Báez, de 94 años, nació el 7 de septiembre de 1932 en Manatí, Puerto Rico, y falleció en paz el 23 de septiembre de 2026, en su hogar en Summit Hills, San Juan, rodeado del cariño y los cuidados que recibió durante sus últimos años.
Ramón vivió una vida de valentía serena, sentido del deber, trabajo incansable y profunda lealtad hacia los suyos. Fue un hombre de pocas pretensiones y grandes valores; de esos que no necesitan hablar mucho para demostrar quiénes son. Su vida estuvo marcada por la responsabilidad, la perseverancia y una disposición constante a ayudar a los demás. Pero, por encima de todo, Ramón tenía un gran corazón.
Un hombre de servicio y valor
Durante su juventud sirvió en el Ejército de los Estados Unidos en la Guerra de Corea, como miembro de la legendaria 65 de Infantería. Allí conoció de cerca el sacrificio, la disciplina y las exigencias del deber. Por su servicio fue condecorado con el Corazón Púrpura, reconocimiento que honra su sacrificio y las heridas sufridas en el cumplimiento de su deber. Aquel sentido del deber que llevó consigo durante su servicio militar permaneció presente durante toda su vida: en su trabajo, en su familia y, especialmente, en su disposición para ayudar a quienes lo necesitaban.
El amor de su vida
En 1957 contrajo matrimonio con Noris Collazo, el gran amor de su vida. Juntos compartieron 64 años de matrimonio, hasta la partida de Noris en 2021. Ramón fue profundamente devoto de su esposa, a quien llamaba cariñosamente “La Colorá”. Su amor por ella no necesitaba grandes demostraciones; se expresaba en la compañía, en el cuidado y en esa fidelidad cotidiana que solo se construye con el paso de los años. Su historia juntos fue una de las grandes obras de su vida: una vida compartida durante más de seis décadas, con sus alegrías, sus dificultades y, sobre todo, con la certeza de estar siempre el uno para el otro.
Sus manos también hablaban de quién era
Ramón encontraba satisfacción en hacer cosas con sus propias manos. Le fascinaban la carpintería, la albañilería, la mecánica y la electricidad. Podía pasar horas trabajando, reparando, construyendo o buscando la manera de resolver algún problema. Pero era especialmente talentoso con la carpintería. Tenía la paciencia, la precisión y la perseverancia necesarias para convertir un pedazo de madera en algo útil y hermoso. Para él, el trabajo bien hecho era motivo de orgullo.
También sentía una especial admiración por la cultura y la estética japonesa. Esa pasión encontró su máxima expresión en su jardín japonés, que cuidó y transformó a través de los años. El jardín cambió con el tiempo, como cambian todas las cosas, pero permaneció como uno de sus mayores entretenimientos y como un reflejo de su paciencia, dedicación y amor por los detalles.
Un corazón dispuesto a servir
Quizás una de las características que más permanecerá en quienes lo conocieron fue su disposición para ayudar. Ramón ayudaba sin hacer ruido. No buscaba reconocimiento ni esperaba nada a cambio. Su manera de demostrar cariño era muchas veces práctica: arreglar algo, construir algo, resolver un problema, estar presente o simplemente hacer lo que fuera necesario. Cuidó de los miembros de su familia y mantuvo siempre un profundo sentido de responsabilidad hacia los demás, particularmente hacia quienes más necesitaban de su ayuda. Así fue dejando su huella: no mediante grandes discursos, sino mediante pequeños actos de servicio repetidos a lo largo de toda una vida.
Sus últimos años
En sus últimos años recibió el cuidado y el cariño de Félix, Mike, Mariana y Doña Miriam, a quienes la familia agradece profundamente por haberlo acompañado con devoción, paciencia y dedicación. Gracias a ellos, Ramón estuvo acompañado y cuidado con amor durante una etapa especialmente importante de su vida.
Su legado
Ramón deja mucho más que recuerdos. Deja el ejemplo de un hombre que cumplió con su deber, que trabajó con sus manos, que amó profundamente a su esposa, que cuidó de su familia y que siempre estuvo dispuesto a ayudar. Deja también el recuerdo de su dulce sonrisa, de su manera tranquila de ser y de ese gran corazón que quienes lo conocieron nunca olvidarán.
Le sobreviven sus familiares más cercanos: Luz Delia, hermana; Papo, sobrino; Vivian, sobrina; y Edwin (Junito), sobrino.
Las exequias se llevarán a cabo el 27 de septiembre de 2026, en la Funeraria y Columbario Buxeda, de 11:00 a. m. a 9:00 p. m. Se celebrará una misa en la capilla de la funeraria de 7:00 p. m. a 8:00 p. m.
Funeraria y Columbario Buxeda
574 Calle César González
San Juan, Puerto Rico 00918
“Siempre te recordaremos por tu buen corazón y tu dulce sonrisa. Descansa en paz, Tío Ramón.”
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v.1.18.0