Ronald fue un hombre de palabra, guiado por una honestidad serena que inspiraba confianza y dejaba huella en quienes lo trataron. En su manera de estar en el mundo se notaban también el impulso de la aventura y una disposición valiente para afrontar lo desconocido, sin perder nunca la capacidad de sonreír y compartir un humor oportuno que aligeraba los días. Su resiliencia, firme y constante, fue reflejo de una vida vivida con entereza, incluso cuando las circunstancias exigían más de lo esperado.
Ronald residía en Chippewa Falls, Wisconsin. Su recuerdo permanecerá con gratitud y estima en la memoria de quienes lo conocieron y lo acompañaron a lo largo de su camino.
Que descanse en paz.