

La fusión de metales preciosos es un secreto legendario y antiquísimo. Se conoció como alquimia y pretendía descubrir los elementos constitutivos del universo. Tenía que ver con el descubrimiento de una piedra filosofal que convierte en oro todos los metales. Los árabes en la antigüedad querían descubrir por medio de ésta, el elixir de la vida.
Conozco un matrimonio, el de Don José y Doña Luz, que ha descubierto los secretos de la alquimia. Que domina el arte de la fusión de los metales preciosos. Tienen la habilidad de pronunciar palabras que convierten las experiencias cotidianas en piezas de oro. Sus reglas son de oro. Se desempeñan en la edad de oro logrando que atesoremos cada año que pasa como si fueran piedras preciosas. Su contrato matrimonial ya cumplió la edad de oro y tiene las mismas características de solidez, brillo, belleza, durabilidad y versatilidad que inspira este preciado elemento.
La química de su relación trasciende el contrato social que define una sociedad de bienes gananciales. Es la fusión de dos almas, dos cuerpos, dos mentes que armonizan para convertirse en una sola vida, una sola historia que se transforma en una voz, cuando expresan “nosotros pensamos; nosotros queremos; nosotros tenemos”. Me pregunto: ¿Habrán descubierto el elixir de la vida?
Tienen una química especial, su compañía, su afecto, su ejemplo son para nosotros sus hijos Saribelle, Mayra y José Antonio de un valor incalculable. Nos inspira su fortaleza, su energía, su espíritu, su fe y su proceder. Por eso en este día nos sentimos privilegiados y honrados en contar con su modelo de vida.
En el recuento de momentos compartidos, de conversaciones cruciales, en salud, en enfermedad, en las batallas cotidianas nos hemos percatado de lo corta que es esta peregrinación por la existencia.
Hoy doy gracias a la provisión divina, a la inspiración del todopoderoso y Dios de nuestras vidas que ha puesto en nuestros senderos un lugar y un espacio para esta reflexión. Doy gracias a mi Dios por esa esquinita en Villa Andalucía, que es un pedacito del cielo, donde se reúne Gente de Oro y donde la Juventud es Eterna.
A mis padres, mis maestros
A ellos, quienes me preceden en el tiempo, en la conciencia, el conocimiento y la razón. Que me dieron el ser físico y la genética puertorriqueña. Que supieron inculcarme desde pequeña el amor, la responsabilidad y la belleza de la existencia.
A ellos a quienes me enseñaron a respetar la creación y a valorar todos los esfuerzos humanos de superación. A ellos que me ilustraron la definición de las palabras; alma, corazón y espíritu con su propio ejemplo y continuas vivencias.
A mis padres maestros que me esculpieron una personalidad templada sin domesticar mi genio. A mis antecesores que me guiaron a tener la certeza de que el futuro siempre sería mejor que este excelente presente que disfrutamos. Que aseveraron que no hay tiempo perdido, ni error que altere el profundo amor hacia los hijos, que no tenemos defectos si no debilidades como todo el mundo y eso se soluciona con la tolerancia y la paciencia y tenemos toda la vida para remediarlo. Que los momentos difíciles son de corta duración si los sobrellevamos todos juntos como familia. Que hacen suyas nuestras penas y glorias. Que me contaron que el amor es sublime, delicado, doloroso y comprometido.
A ellos que me enseñaron a hacer inventario de nuestros bienes más preciados como el sol, las estrellas, la luna, la lluvia, el Yunque, las playas de Luquillo y de Rincón, las montañas de Utuado, la cordillera central, los hermanos y los amigos. Que nuestra historia reside en las memorias y en las fotografías de nuestra mente. Qué bueno es que ni nos sobre ni nos falte nada. Que compartir es un deber y no una sugerencia. Que todo se lo debemos a Dios y no hay nada sin Él.
A mis padres que me instaron a estar en pie de lucha por causas nobles y justas. Me previnieron y alertaron de caminos torcidos y de esclavitud. Que me disciplinaron y me exigieron hacer lo correcto. Que me instruyeron a tener orgullo propio y no dejarme humillar ni confundir por la falsedad y los espejismos del materialismo. Que aseguran que la vida eterna empieza con las acciones de hoy.
A ellos, que no escatimaron en esfuerzo y sacrificios para proporcionarnos educación universitaria, además de las lecciones de vida que me permiten ser útil a mi pueblo y a mi país.
A estos queridos viejos que profesan esa fastidiosa e insistente preocupación por mis asuntos, que solo pude comprender cuando nació mi hija. Que aprovecharon la oportunidad para iniciarnos en materia de crianza, nos revelaron sus secretos y con alegría se hicieron participes de la responsabilidad por las generaciones de sus descendientes.
A Papi y Mamita, mi más profunda gratitud por una herencia de bendición.
Entrañablemente,
Saribelle Reyes
Dedicado a mis abuelos Luz y Toño en ocasión de la semana del abuelo en la Iglesia Evangélica Unida de Villa Andalucía en Río Piedras, P. R.
LOS ABUELOS
Por: José Luis Jiménez Reyes
La Real Academia Española define abuelo(a) como: 1) “Respecto de una persona, padre o madre de su padre o de su madre.” 2) “Persona anciana.” Sin embargo, para mí, nuestros abuelos son mucho más que esto. Para mí, los abuelos son los pedagogos, los ilustres educadores de las generaciones jóvenes, o sea, de nosotros. Para mí, los abuelos son puentes, majestuosos vínculos que unen ese pasado casi mítico para nosotros, los jóvenes, con el presente. Para mí, los abuelos son la historia, vestigios vivos de carne y hueso de otra generación, de un pasado que ya pasó a la historia. Para mí, los abuelos son los patriarcas de la familia, de la estirpe de Adán, Set, Enoc, Noé, Sem, Abraham, Isaac y Jacob. Para mí, los abuelos son los luminosos manantiales de sabiduría incuestionable, los verdaderos filósofos. Para mí, los abuelos son las musas de Homero y de Hesíodo, inspiración divina en nuestras vidas cotidianas. Son nuestra sangre, nuestros padres, son los miembros indispensables de la familia.
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Servicios a cargo de la Funeraria Del Angel González Lago en Trujillo Alto, Puerto Rico.
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