

Con profundo respeto, recordamos la vida de Ramon Anzaldo Higuera, quien nació el 27 de Enero de 1945 y falleció el 22 de Agosto de 2026, a los 81 años de edad. Su presencia dejó una huella firme y luminosa, un hombre que eligió vivir al máximo, con una sonrisa constante y la determinación de disfrutar cada momento. Aunque no podía ver, jamás permitió que eso fuera una excusa; al contrario, su independencia se manifestó en su cuidado personal, en su higiene impecable y en su capacidad de realizar por sí mismo sus actividades diarias, con una habilidad admirable incluso para identificar billetes y contar dinero con precisión.
A lo largo de su vida, Ramon fue, ante todo, un trabajador incansable. Para él, sobresalir significaba avanzar con dignidad y constancia, y su mayor logro fue darles una vida mejor a sus hijos, a su esposa y a su familia. Con orgullo hizo la transición y se adaptó a la vida de México a Estados Unidos, sosteniendo con esfuerzo y carácter el bienestar de los suyos. También se sintió orgulloso de haber comprado tierras y casa, y de haber formado una familia junto a su esposa, María Paz.
En el corazón de Ramon estuvo siempre la familia. Disfrutó profundamente ser abuelo y llegar a convertirse en bisabuelo, celebrando dicha con gratitud. Sus cumpleaños se celebraban en grande, organizados por su hija Melinda, y atesoró momentos como estar presente en eventos familiares, así como recibir con alegría a nuevos miembros en la familia. Le daba vida a los encuentros: reír con sus nietos y bailar en medio de todos durante las fiestas, con esa manera suya de hacerse notar sin esfuerzo, simplemente por la alegría que transmitía. Su deseo fue claro, que todos aprendieran a vivir y disfrutar la vida a pesar de cualquier discapacidad.
Ramon expresó amor y gratitud por quienes marcaron su camino. Amó a sus padres, Tifolia y Ramón, y a sus hermanos: Alberto, Cruz, Ernesto, Estela, Marcos, Hermelinda, Rosario, y Rosalina. Amó a sus hijos: Melinda, Carlos, Abelito, Ramon, Alfonso, y Mario, y a todos sus nietos y bisnietos, a quienes llevó siempre en el pensamiento y en el corazón.
También fue un hombre de gustos definidos y de espíritu festivo. Sus canciones favoritas eran “Una Aventura” de Banda La Costeña, “La Canelera” de Los Cuates de Sinaloa y “Cuarenta Cartas” de Los Canelos de Durango. Sus colores favoritos eran negro y azul. Disfrutaba las fiestas familiares y bailar con la banda; le encantaba ir al casino Tachi y apreciaba esos momentos sencillos de sentarse afuera de su casa, al aire libre, fumando un cigarro Marlboro Red. Le gustaba tomarse unas cervezas cuartitos o coronitas chiquitas y viajar a Sinaloa, México. Entre las cosas que más amó estuvieron los cigarros Marlboro Red, Pepsi, el dinero, las flautas y empanadas de camarón, In-N-Out y, por encima de todo, su familia: sus hijos, nietos y bisnietos.
Quienes lo conocieron lo recordarán por su forma de presentarse ante el mundo, siempre bien cambiado y perfumado, con su estilo vaquero y el sombrero bien puesto. Ramon desea ser recordado como una persona muy alegre y positiva; guapo e higiénico, trabajador, platicador, bailador, amigo de todos y muy chistoso. Así vivió: con una alegría que convocaba, con una presencia que unía, y con una manera franca de recordarnos que la vida, con sus retos, también es para disfrutarla.
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