Hector fue un hombre de familia, de corazón noble y muy amado por todos aquellos que tuvieron la dicha de conocerlo. Su vida estuvo marcada por el amor que siempre tuvo por su esposa, sus hijos, sus nietos, sus bisnietos y por cada persona que llegó a formar parte de su camino.
Compartió 65 años de su vida junto a su amada esposa, María P. Serna, quien le sobrevive. Juntos formaron una hermosa familia de ocho hijos: Alma B. Chávez (Moisés Chávez), Francis O. Méndez (Herman Méndez), Marisela Espinosa (Roy Espinosa), Gonzalo Serna (Elva Serna), Rigoberto Serna (Lupita Serna), Maribel Torres (Felipe Torres), Héctor Serna † y Omar Serna (Rosalinda Serna).
Hector deja un hermoso legado familiar de 24 nietos más dos nietos adoptivos y 25 bisnietos, quienes siempre llevarán consigo recuerdos de su amor, sus palabras y su manera tan especial de ser. También será extrañado profundamente por sus dos hermano(a)s, Margarito Serna y Guadalupe Coronado.
Quienes conocieron a Héctor seguramente recordarán una de sus características más especiales: su manera de chiflar. Héctor se la pasaba chiflando, y ese sonido tan característico se convirtió en parte de quien él era. Era una de esas pequeñas cosas que hacían que su presencia se sintiera y que hoy harán que muchos lo recuerden con una sonrisa.
También le gustaba mucho platicar con las personas. Dondequiera que iba, encontraba una oportunidad para conversar, conocer a alguien, compartir unas palabras y hacer sentir a los demás acompañados. Tenía esa manera sencilla y genuina de relacionarse con las personas que dejaba una impresión especial en quienes lo conocían.
Pero uno de los momentos más importantes de su vida ocurrió el 4 de Septiembre de 2008, cuando tomó la decisión de entregar su vida a Dios. Héctor fue bautizado en el nombre de Jesucristo para el perdón de sus pecados, en la Iglesia Apostólica de Weslaco, Templo La Hermosa. Este paso de fe forma parte importante de su historia y de la herencia espiritual que deja a su familia.
Hector partió de esta vida el 5 de Agosto de 2026, dejando atrás una familia que lo ama profundamente y que sentirá su ausencia.
Hoy, su familia no solamente despide a un esposo, padre, abuelo y bisabuelo; despide a un gran hombre, a un pilar de la familia, y a alguien cuya presencia dejó una huella profunda en la vida de todos los que lo amaron.
Aunque ya no podrán escuchar su voz ni verlo llegar, siempre habrá recuerdos que traerán su presencia de vuelta. En algún momento, una canción, una conversación, una sonrisa o incluso un simple chiflido traerá a nuestra memoria su rostro y nos hará sonreír al recordar tantos momentos compartidos a su lado.