Fue una mujer fuerte, trabajadora, de gran fe y un corazón enorme. Siempre estuvo ahí para su familia, con una palabra de aliento, un consejo sabio y un amor incondicional. Su casa siempre fue un lugar de unión, donde nunca faltó la calidez, la comida en la mesa y el cariño sincero.
Le sobreviven sus dos hijos, Margarita y Arturo, sus nietos, sus bisnietos, su tataranieto y demás familiares, quienes la recordarán siempre con mucho amor, respeto y gratitud.
Su vida fue un ejemplo de fortaleza, generosidad y amor. Deja un legado que vivirá por siempre en cada uno de nosotros.