

Un día 13 de febrero de 1926, el pintoresco pueblo de San Germán, PR recibió en sus hermosas lomas la llegada de una tierna niña cuyos padres llamaron Catalina C. Quiñones Vega. Fueron ellos Don Antonio Quiñones León, oriundo de San Germán y Doña Geraldina Vega Flores de Sabana Grande. Dios le dio la oportunidad a Catalina de crecer en medio de una familia numerosa y cálidad donde pasó su infancia junto a diez hermanos: Maneco, Callito, Cuco, Pipo, Tuto y Callita quienes ya no están con nosotros y de Tato, Judy, Gladys y Wilfred quienes sobreviven. Sus padres se esforzaron para que sus hijos tuvieran buena educación aun cuando los medios en aquella época eran muy escasos y difíciles. Para el 1944, “Tuta” como cariñosamente le llamaban, terminó sus estudios en la escuela superior Lola Rodríguez de Tió y entregó en manos de sus progenitores su diploma de graduación como satisfacción de un sueño cumplido y una meta realizada. A finales de 1951 un joven militar logra conquistar su corazón. El Master Sargent Marcos R. Laracuente Gracia recién llegado de la 2da guerra mundial puso su mirada en aquella inocente joven que de inmediato supo que era la mujer de su vida y con la que quería formar una familia. Sus corazones quedaron tan prendados y unidos que a los tres meses de noviazgo tuvieron la convicción de unirse en matrimonio un 12 de enero de 1952. Así, cultivaron su amor y ese mismo año comienza a crecer su hogar en San Germán con la llegada de su primogénito Marcos Jr. Por las responsabilidades asumidas con la armada de los Estados Unidos, su padre toma la decisión de trasladarse con su familia a la base de Panamá donde tuvieron su segundo hijo Jaime José en 1954. De un país tropical se mudan a la base de Kentucky, EUA y en el 1956 reciben en sus brazos a su tercer hijo Raymundo. De allí regresan a su tierra natal y Dios les da el honor de procrear a su cuarto hijo Henry en San Juan, PR. En 1972 en Bayamón, PR tuvo la experiencia más grande de su vida y que la transformó. Fue el momento cuando a través de Jaime José, su segundo hijo y hoy día pastor, conoció a Jesucristo como Señor y salvador personal. Su compromiso de lealtad y fidelidad a Dios no lo pudo desprender de su corazón, pues quedo ligada a su presencia y grande amor. Tuta fue una esposa y madre abnegada y sacrificada hasta el final. Fue amorosa y protectora de sus hijos, siempre con la intensión de cuidarles y estimularlos a que estudiaran y se prepararan. Mientras su esposo se encargaba de ser un buen proveedor y brindar seguridad y estabilidad familiar, ella se esmeraba en el hogar, la crianza y el consejo hasta conseguir que sus hijos lograran alcanzar sus metas profesionales. Fue una mujer que le encantaba conversar, tenía un don de gente y le gustaba estar rodeada de sus hijos. Luego de 46 años de casada, un 18 de diciembre de 1998 su esposo parte a morar con el Señor y Doña Tuta tuvo que resignarse a la pérdida de su amado, dedicándose de lleno a su familia cercana. Por más de 15 años, vivió en la ciudad de Orlando, Fl. Por gracia del Señor, Catalina pudo conocer la ternura y el amor de sus 9 nietos y 7 bisnietos quienes tenían presente en sus corazones. Con el tiempo llegaron las enfermedades que afectaron su salud, pero tuvo el inmenso privilegio de dar 93 años de luchas y victorias, de pelear la buena batalla de la fe y con Dios por delante pudo tener una vida cristiana, triunfante, dando testimonio de que caminar con Dios trae frutos de justicia y de paz. En la madrugada del martes, 3 de septiembre de 2019 es llamada por el Señor, su redentor y amigo fiel al descanso eterno con la esperanza de la resurrección en el día glorioso.
Su cuerpo estará expuesto en la funeraria Álvarez Memorial en Bayamón, PR el miércoles, 11 de septiembre de 2019. El Sepelio se efectuará el jueves, 12 de septiembre de 2019 partiendo la comitiva fúnebre hacia el Cementerio Nacional del mismo pueblo.
Para más información, favor comunicarse al 787-785-3400.
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v.1.18.0