A partir de este momento, será recordado como un ser amado, querido y honesto, cuya presencia dejó una huella significativa en quienes tuvieron el privilegio de conocerlo.
Domingo residía en San Juan, Puerto Rico. Su vida fue reflejo de integridad y rectitud, y su memoria permanecerá con aprecio en el corazón de su familia y de todos los que lo acompañaron a lo largo de los años.
Le sobrevive su esposa, Edith Rivera Torres.
Se ha dispuesto un Servicio de Cremación en la Funeraria Álvarez.