

José Alberto Rosado Molina, nacido el 23 de marzo de 1941 en San Juan, falleció el 4 de abril de 2026 a los 85 años. Residía en Bayamon, Puerto Rico. Desde su vida temprana, se distinguió por ser un hombre Generoso, Paciente, Trabajador y Amable, cualidades que marcaron su carácter y la forma en que se relacionó con todos los que tuvieron el privilegio de conocerlo. A partir de este momento, será recordado con cariño como Josean.
Josean nació en Santurce y creció en Puerto Nuevo junto a sus padres, José y Baudilia, y su hermana Carmín. Durante su niñez cursó estudios en la Escuela Barbosa. Posteriormente obtuvo el grado de Perito Electricista en la Escuela Vocacional Miguel Such en Río Piedras.
Desde muy joven, Josean demostró una ética de trabajo admirable. Trabajó en Supermercados Pueblo desde los 12 años. Además, trabajó para la compañía Frigidaire por espacio de 12 años. Finalmente, trabajó 32 años en Sears, donde se jubiló en 1997.
El 14 de marzo de 1964, Josean contrajo matrimonio con Iraida Figueroa Rivera. De esta unión nacieron sus hijos: José Alberto, Carlos Javier y Jorge Alberto Rosado Figueroa. Fue también un hermano profundamente querido por su hermana Carmín. Su legado familiar se extiende con orgullo a sus nietos: Carlos Alberto, José Alberto, Carlos Javier, Jean Carlos, Belmarie, Andrea y Gretchen Rosado; y a sus bisnietos: Abel, Aeris y Lucas.
En su vida cotidiana, a Josean le encantaban los paseos alrededor de la Isla. Sus lugares favoritos incluían Monte del Estado, la Playa de Isabela y el Centro Vacacional Villas del Mar Hau y El Verde en Río Grande. Disfrutaba de la buena música y de la gastronomía típica puertorriqueña, en especial la sierra en escabeche. Además, sentía un amor entrañable hacia los animales.
Josean será recordado como un trabajador incansable, como un hombre generoso, amable y servicial. Fue un hermano como ninguno. Amó y acompañó incondicionalmente a Iraida por más de 62 años. Como hijo, yerno, hermano, tío, cuñado, padre, abuelo y bisabuelo, siempre estuvo presente. Literalmente se quitaba la comida de la boca para que no le faltara a los suyos.
Quedan también como parte entrañable de su memoria los dichos favoritos de Josean, que hoy resuenan con especial significado en quienes le amaron:
Frases que solía decir don Angel
“Estás oloroso como cucucito”
“Aquí mirando a la lontananza”
“Eso es porrotoso” (se refería a cuando algo era exclusivo)
Y cuando lavaba el carro y llovía: “Lástima, era un buen brillo”
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