

Pascual Sánchez nació el 1 de noviembre de 1930 de Dionisio Sánchez y María Rivera en el pueblo de Comerío, Puerto Rico. Tuvo once hermanos, cuatro mujeres de estos. Creció en los riscos y montañas del hermoso pueblo de Comerío. Durante su niñez su mejor entretenimiento era nadar y pescar en el Rio La Plata del Barrio Salto.
Aprendió desde pequeño sobre la siembra de plátanos, guineos, viandas y verduras conocidas en nuestra isla. Pascual no tuvo mucha escolaridad, solo varios años de escuela elemental en donde aprendió muy poco sobre escritura o lectura además de haber nacido con su impedimento de no hablar y oír, estos no fueron impedimento para el desarrollarse en todas las áreas. Fue electricista y le enseñó el oficio a su hijo Papo y sobrinos.
Pascual ha sido un gran amante de la naturaleza que Dios nos ha dado, desde disfrutar la mar, el verdor y la belleza de nuestra isla y hasta le encantaba viajar a diferentes sitios de Estados Unidos, el Caribe y conocer muchos recursos naturales.
Contrajo matrimonio por primera vez con la Sra. Amelia Meléndez Negrón de quienes nacieron sus dos hijos; Lourdes I. Sánchez Meléndez y Pascual Sánchez Meléndez. De los mismos tuvo cinco nietos y tres bisnietos.
Hacen cerca de cuarenta años se casó por segunda vez con la Sra. Vicenta Rivera la cual entonces era viuda y con hijos ya grandes que pasaron a ser parte de su vida. Para todos ellos Pascual y a quien muchos le conocieron y le llamaron por su apodo “El Mudo o El Mudito” fueron parte muy importante para la vida de Pascual. Ellos fueron ocho hijos; Felín, Socorro, Maribel, Pole, Doris, Monchito, Mercedes y Junín quienes estimaron y quisieron a Pascual como a su padre y los nietos, como a su abuelo.
Aprendimos de él el gran y buen sentido del humor; el ser muy servicial y estar presto siempre para dar la mano; pero sobre todo fue un ser muy cariñoso, amable, afable, muy buen amigo y respetuoso ser. Su familia lo amaba intensamente. A veces y en ocasiones demostró su carácter fuerte e imponente, pero fácil de hacerlo razonar, cuando se sabía hablar con él y se le explicaba correctamente.
Paso la mayor parte de su vida en el barrio Bucarabones de Toa Alta, donde compartió con mucha gente querida por él y donde surgieron muchas lindas vivencias. Su “finquita” era su más grande regocijo, el trabajar en la tierra, recibir frutos de esta y compartirlos le traía mucha alegría.
Ultimo y lo más importante; a su mediana edad fue cuando tomó la decisión de darle su vida a Cristo y servirle con gran amor y fervor. Hoy sabemos que descansa con el Señor.
Nunca pudo hablar pero hizo el intento, fue fuerte y perseverante. Dejo un hermoso legado en sus hijos; y lindo recuerdo en todos los que le conocieron.
Papi; lograste que mi corazón lata por ti siempre y que te recordemos con gran amor el resto de nuestras vidas.
Te amaremos siempre…
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v.1.18.0