

Nació el 6 de julio de 1948 en Tijuana, hijo de Rita y Francisco Enriquez. Creció junto a sus hermanas Angelia Dávila, Leticia Ortegón y Umelia Grueneberg y su hermano Luis Antonio. Desde muy joven aprendió el valor del trabajo, la disciplina y la importancia de la comunidad.
A temprana edad se mudó al área de Solana Beach, donde estudió en San Dieguito High School. Fue ahí donde descubrió una de sus grandes pasiones: correr. Pancho destacó en atletismo y se convirtió en un corredor sobresaliente, logrando una marca de 4:33 minutos en la milla, un logro que siempre recordó con orgullo.
Al terminar sus estudios, se dedicó a la carpintería, oficio que ejerció durante más de 40 años en distintos proyectos a lo largo del condado de San Diego. Su compromiso, habilidad y constancia fueron sello de su trabajo y de su forma de vivir.
El 23 de junio de 1973, Pancho viajó a Bacerac, Sonora, donde se casó con Rosa Luz Dávila, su compañera de vida. Juntos compartieron una vida llena de amor, trabajo y muchas aventuras. Formaron una familia con sus tres hijos: Lizzy, Nano y Mely. Vivieron algunos años en el condado de San Diego y, en 1984, Pancho tomó una de las decisiones más importantes de su vida: regresar a Tijuana con su familia. Ahí compró un terreno y construyó con sus propias manos una gran casa que se convirtió en el hogar y punto de encuentro de la familia.
En 1997 cumplió uno de sus grandes sueños al fundar Frank Enriquez & Son Transportation. Gracias a este proyecto recorrió gran parte de los Estados Unidos, disfrutando especialmente los viajes por carretera junto a Rosa. En el camino, hacía paradas en Phoenix para visitar a Melisa, recoger a Mateo y Juliana, y llevarlos hasta Tijuana en el tráiler, creando recuerdos que la familia atesora hasta hoy.
Tras jubilarse, Pancho disfrutó de una vida tranquila, viajando entre su casa en Tijuana y su hogar en Bacerac. En su día a día hacía lo que más le gustaba: caminar, platicar y conocer gente. Era una persona profundamente sociable; con frecuencia se le veía en la banqueta frente a su casa, conversando con quien pasara. Siempre saludando, siempre haciendo amigos. Pancho tenía un don natural para conectar con los demás.
En noviembre de 2023 fue diagnosticado con cáncer de próstata. Inició su tratamiento de radiación en enero de 2024 y el 5 de marzo de ese mismo año concluyó exitosamente, entrando en remisión.
Francisco Enriquez vivió su vida con entrega, alegría y humanidad. Deja como legado un ejemplo de esfuerzo, perseverancia y generosidad, y nos recuerda la importancia de valorar cada día, saludar con una sonrisa y vivir con el corazón abierto.
Su esencia y su memoria vivirán siempre en todos aquellos que tuvieron el privilegio de conocerlo,
Francisco Enriquez, known to many as Pancho, and to his family simply as Tata, was a truly special person.
He was born on July 6, 1948, in Tijuana, the son of Rita and Francisco Enriquez. He grew up alongside his sisters Angelia Dávila, Leticia Ortegón, and Umelia Grueneberg, and his brother Luis Antonio. From a young age, Francisco learned the value of hard work, discipline, and the importance of community.
At an early age, he moved to the Solana Beach area, where he attended San Dieguito High School. It was there that he discovered one of his great passions—running. Pancho excelled in track and field, becoming an outstanding runner and achieving a personal best of 4:33 in the mile, an accomplishment he always remembered with pride.
After completing his studies, Francisco dedicated himself to carpentry, a trade he practiced for more than 40 years on various projects throughout San Diego County. His commitment, skill, and consistency were hallmarks of both his work and his approach to life.
On June 23, 1973, Pancho traveled to Bacerac, Sonora, where he married Rosa Luz Dávila, his life partner. Together, they shared a life filled with love, hard work, and many adventures. They raised a family with their three children: Lizzy, Nano, and Mely. After living several years in San Diego County, Pancho made one of the most important decisions of his life in 1984—to return to Tijuana with his family. There, he purchased a piece of land and built a large home with his own hands, which became the family’s home and gathering place.
In 1997, he fulfilled one of his greatest dreams by founding Frank Enriquez & Son Transportation. Through this business, he traveled extensively throughout the United States, especially enjoying long road trips alongside Rosa. Along the way, he often stopped in Phoenix to visit Melisa, pick up Mateo and Juliana, and bring them back to Tijuana in the big rig—creating memories the family continues to cherish.
After retiring, Pancho enjoyed a peaceful life, traveling between his home in Tijuana and his home in Bacerac. In his daily routine, he did what he loved most: walking, talking, and meeting people. He was deeply social and was often seen standing on the sidewalk in front of his home, chatting with anyone who passed by. Always greeting, always making friends, Pancho had a natural gift for connecting with others.
In November 2023, he was diagnosed with prostate cancer. He began radiation treatment in January 2024 and successfully completed his treatment on March 5 of that year, entering remission.
Francisco Enriquez lived his life with dedication, joy, and humanity. He leaves behind a legacy of hard work, perseverance, and generosity, reminding all who knew him of the importance of valuing each day, greeting others with a smile, and living with an open heart.
His spirit and memory will live on in all those who had the privilege of knowing him.
Partager l'avis de décèsPARTAGER
v.1.18.0