

Sixto R. Esparza was born in San Luis Potosí, Mexico and came to the United States in 1947 from Zacatecas as part of the Bracero Program. (This was a U.S. government-sponsored program developed during World War II to fill agricultural labor shortages.) Leaving behind everything familiar with courage and hope for a better future.
He worked in the fields determined to build opportunities for his family. He never stopped hustling — buying appliances from yard sales and selling appliances in Mexicali, recycling, making pallets on top of managing property in Mexico. Even in his final weeks in the hospital, he asked for his shoes, my mom asked why do you need your shoes, he responded because I need to go to work and provide for you.
Every summer, we traveled to Hernández, San Luis Potosí, hs hometown. He would take big army bags of clothes and shoes for the families and people of Hernández. That’s the man he was — generous, hardworking, always thinking of others.
He wasn’t perfect, but he showed us integrity, sacrifice, and what honest work looks like. He crossed borders so we wouldn’t have to.
His callused hands are now at rest, the seeds he planted in us will grow for generations. We will carry your strength and love forward — and we will make you proud Papa Tito!
Sixto R. Esparza nació en San Luis Potosí, México, y llegó a los Estados Unidos en 1947 por medio de Zacatecas como parte del Programa Bracero (En ese tiempo fue un programa patrocinado por el gobierno de EE. UU. durante la Segunda Guerra Mundial para cubrir la falta de trabajadores agricolas.) dejando atrás todo lo que le era familiar, con valentía y esperanza de un mejor futuro.
Trabajó en los campos con la determinación de construir oportunidades para su familia. Nunca dejó de luchar — compraba electrodomésticos en ventas de garaje y los vendía en Mexicali, reciclaba, hacía tarimas y además administraba propiedades en Mexicali. Para decirles, en sus últimas semanas en el hospital, pidió por sus zapatos. Mi mamá le preguntó: “¿Para qué necesitas tus zapatos?” Y él respondió: “Porque necesito ir a trabajar y proveer para ti.”
Cada verano viajábamos a San Luis Potosí, con grandes bolsas militares llenas de ropa y zapatos; llevaba estas cosas para su familia y la gente de Hernández, San Luis Potosí, su pueblo natal.
Así era él — generoso, trabajador, siempre pensando en los demás. No era perfecto, pero nos enseñó integridad, sacrificio y lo que significa el trabajo honrado. Cruzó fronteras para que nosotros no tuviéramos que hacerlo.
Sus manos callosas ahora descansan, pero las semillas que sembró en nosotros crecerán por generaciones.
Llevaremos tu fuerza y tu amor siempre adelante — ¡y te haremos sentir orgulloso, Papá Tito!
Partager l'avis de décèsPARTAGER
v.1.18.0