

R.I.P.
La Hermana Josefina Santacruz nació en Pasto, Nariño, Colombia el 29 de enero de 1923 en una familia profundamente religiosa en donde su padre Victorino Santacruz y su madre Laura Mera, adunaron esfuerzos por levantar a su numerosa familia en un ambiente cristiano e intelectual capacitándolos a todos para enfrentar a los diferentes escenarios de su vida.
La Hermana Josefina estudió en Pasto en nuestro colegio hasta graduarse de bachiller y entró a la Congregación en julio 31, 1943. Hizo su Primera Profesión en Bogotá en enero 31, 1946 y su Profesión Perpetua en enero 31, 1951.
Trabajó en los colegios de Bogotá, Medellín y Pereira. En 1957 la Congregación le asignó la delicada misión de ser la vice maestra en un noviciado con más de 40 novicias. Son muchísimas las Bethlemitas que pasaron por sus manos y que la recuerdan con un gran cariño por la ternura y la comprensión como ejerció esta delicada misión.
En 1958 fue asignada a la Residencia Episcopal en la Diócesis de Dallas hasta 1980 que recibió su traslado a la Residencia San José. Ella llevó a cabo este compromiso con los ancianos con una dedicación y una gran entrega. Veía en los residentes esas personas que necesitaban ser escuchadas, ayudadas, animadas y en donde había una necesidad, un grito de auxilio, allí siempre se encontraba ella prestando su valioso servicio, dando una mano.
Vivió su enfermedad con altura. Nunca se quejó de nada aunque sabíamos que su situación era delicada y dolorosa. Más bien ella era la que daba ánimo a todas. Siempre contestaba que estaba muy bien, que no tenía ningún dolor.
Hoy el Señor la llama a su morada. Ella se presenta con las manos llenas de buenas obras porque siempre fue esa hermana buena, asequible, bondadosa, generosa que no escatimó ningún sacrificio por ayudar a los demás y estar presente en los momentos arduos o en los espacios de apertura y regocijo. Fue una persona muy sacrificada que proyectaba siempre ese gozo supernatural que da Dios a los que se entregan con generosidad a servir al hermano.
Siempre fue muy cercana a sus seres queridos y a las hermanas en la Congregación. En su lecho de muerte preguntaba por la Madre Diana Lucia, nuestra Superiora General. La Congregación toda la tuvo muy presente en sus plegarias especiales y continuamente estaban en contacto con nosotras y con ella cuando aun podía hablar. Ella ha partido hacia la Casa del Padre, dejando entre todos los que la conocimos el perfume de su compromiso y de su santidad. Fue ella una continua inspiración no solo para sus cohermanas sino también para los residentes y sus familias. Se jubiló de su trabajo apostólico para irse a su mansión eterna, dejándonos un profundo vacio y el ejemplo bello de una vida entregada a Dios en el hermano, que sirvió con tanta abnegación y dedicación. Paz en su tumba.
Agradecemos a todas las personas que han simpatizado con nuestro dolor. Profundamente damos las gracias a todas las que vivieron su única y última enfermedad tan cercanos a ella y a nosotros; que hicieron tanto por ella. Nombrarlos no acabaríamos pero profundo en nuestro corazón hay una honda gratitud por todo esos actos que nos llegaron al alma, que nos dieron apoyo y valor para vivir estos meses de dolor al lado de esa hermana buena que fue Josefina. Que desde su morada eterna siga iluminando nuestro camino.
Sister Josefina Santacruz Mera, Bethlemita
R.I.P.
Sister Josefina Santacruz was born in Pasto, Nariño, Colombia on January 29, 1923 in a deeply religious family. Her father Victorino Santacruz and her mother Laura Mera joined efforts to raise their large family in a Christian and intellectual atmosphere, preparing them all to deal with different life scenarios.
She did her elementary and high school studies at our school in Pasto. She entered the Congregation on July 31, 1943. She made her First Profession in Bogotá on January 31, 1946 and her Perpetual Vows on January 31, 1951. She worked in our schools in Bogotá, Medellin and Pereira. In 1957 the Congregation assigned her the delicate task of being the vice mistress in our novitiate in Cajicá with more than 40 novices. Many Bethlemitas who received formation under her loving and dedicated care will always remember her with great affection because of the tenderness and understanding she exercised in her fine mission.
In 1958 she was assigned to the Episcopal Residence in Dallas, Texas. In 1980 she was transferred to Saint Joseph’s Residence. Sister Josephine undertook this mission with the elderly with dedication and a great commitment. She saw in the residents those persons in need to be heard, supported, encouraged, and where there was a need, a cry for help, she was always there lending her valuable service, offering a helping hand.
She endured her only sickness with a very positive outlook. She never complained about anything even though we knew that, in her last days, her condition was painful and delicate. She was rather giving encouragement to all as we could see by her replies to our quest about her health; she always “fine”, and she had no “pain”.
Today the Lord called her home. She presents herself with hands full of good works because she was always that good, available, kind, generous sister who did not spare any sacrifice to help others and to be present at their arduous moments or in the times of openings and rejoicing. She was a very a self-sacrificing person who always projected the supernatural joy that God gives to those who are committed generously in serving their brothers and sisters.
She was always very close to her loved ones and the sisters in the Congregation. On her deathbed she continually asked for Mother Diana Lucia, our Superior General. She felt the love and the prayers of the sisters of the Congregation, which for her were always present because of the calls and messages she received when she could still talk. She has journeyed to her heavenly abode, leaving among all who knew her the scent of her commitment and her holiness. She was not only a continuing inspiration for us but also for the residents and their families. She retired from her apostolic mission to go to her reward, leaving us with a deep vacuum and beautiful example of a life dedicated to God, in the brotherhood who served with such devotion and dedication. May she rest in peace.
We thank all those who have been with us in our pain. We deeply thank those who have experienced with us her last and only illness, doing so much for her and through her for us. To name them will be an endless task, but deep in our hearts there is a profound gratitude for all their actions that touched us deeply, giving us support and encouragement during these months of profound pain at the side of Josefina. May she, from her eternal abode, continue enlightening our pilgrimage.
"Let your light shine before men in such a way that they may see your good works, and glorify your Father who is in heaven”.
Mt. 5, 16
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v.1.18.0