

María Elena García de Martínez, mamá Nena como le decían sus nietos, o simplemente doña Elena la del molino como era mejor conocida por sus amigos y familiares, nació en el pueblo de Ario de Rayón, Michoacán el 9 de marzo de 1932. Mamá Nena era una mujer de carácter fuerte, luchadora de principio a fin, y el pilar de su familia. Su familia fue conformada por su esposo de muchos años Rubén Martínez Peña y sus 6 hijos; Silvia, su hija mayor quien murió a una temprana edad al igual que su hijo menor y único varón Luis, Delia, Rosa del Carmen, Hilda, y Angélica Esperanza quienes aún viven.
Mamá Nena trabajó por mucho tiempo en su molino de nixtamal, heredado por sus padres, su tienda de frutas y legumbres, y sin faltar, su puesto de jugos naturales. Mamá Nena vivió por mucho tiempo en su amado “molino”, hasta la muerte de quien fue su compañero de toda una vida, papá Rubén. De allí, vivió un corto tiempo en Texas con su hija mayor, Delia, para posteriormente vivir con sus otras 3 hijas en California donde permaneció hasta sus últimos años de vida. Todas sus hijas heredaron el don de poder ayudar y aprender a trabajar de manera ardua y honradamente juntos como la gran familia que aún son, en el molino y la tienda. Nunca se dió por vencida y luchó por su familia de una manera inigualable hasta sus últimos días.
“Doña Nena la del molino” fue muy apreciada por todo el pueblo de Ario. Era una mujer que constantemente le gustaba ayudar a la gente. Siempre recibía a todo el mundo con sus tés de capitaneja o hierbas y naranja agria. Si era de mañana, el recibimiento consistía de un cafecito o chocolate en agua con su respectivo “piquete”, como ella y papá Rubén le decían al alcohol. Como olvidar aquellos domingos que de tradición acostumbraba hacer caldo de res e invitar a amigos cercanos o familiares que solían visitarla para disfrutar de su hospitalidad y plática amena o simplemente de unos frijolitos hechos con manteca con su longaniza al lado.
Como olvidar su risa carismática, su cabello distintivo rizado y corto de color rojo oscuro, y sus historias de tanta gente que conocía acompañadas con el rompope que ella hacía conocido por ser tan rico y cargado de alcohol, por lo cual a todo el mundo le encantaba. Sus conversaciones amenas con sus hermanas Chela y Lupe eran un deleite para todo aquel que escuchaba puesto que siempre los hacían reír con sus carcajadas tan peculiares sin faltar una cuba bien cargada y sabrosa como se solía preparar para acompañar todas esas risas.
Aparte de cualquier herencia material, lo más valioso que permanecen son los recuerdos tan hermosos como los que valoran algunos de sus nietos que tuvieron el gran honor de continuar con el legado de su arduo trabajo y dedicación en la tienda. Jesusin, Fatunsia y Silvia, quienes tuvieron la dicha de crecer con mamá Nena y papá Rubén, recuerdan con mucha alegría el ayudar a vender jugos y frutas con ellos. En sus memorias viven los recuerdos de aquellos viajes cada viernes al Calvario para dar las gracias por lo que tenían, seguido por la parada en la central de abastos para surtir mercancía. Los fines de semana cuando todos ayudaban a limpiar el molino era la forma distintiva de como ella convivía con sus nietos mayores, seguido por risas de alegría al verlos llenos de masa en conjunto con papá Rubén, quien disfrutaba de ver las travesuras que hacían, sin contarle a mamá Nena para que no los regañara. Entre esos recuerdos tan hermosos estan tambien las memorias de las vacaciones de los otros nietos para disfrutar del molino y jugar atrás en el corral de la casa escuchando a mamá Nena decir que todos se fueran a cenar enchiladas a la plaza, el ir hasta Jacona o simplemente disfrutar de una nieve y pasar una tarde deleitosa en Ario.
Recordaremos las veces en las que llovía a cántaros y mamá Nena sacaba el agua bendita y se la ponía en todas las puertas y ventanas. Después de poner el agua bendita, era de empezar a rezar porque ella decía que si no lo hacíamos se podía caer la casa. Después de la lluvia, era de limpiar toda la casa y quitar el lodo porque se tenía que abrir la tienda otra vez y debía estar limpia para abrir en la mañana. Al día siguiente, mamá Nena iba al corral como si no hubiera llovido para regar sus plantas y una buganvilia enorme que ella tanto cuidaba como si fuera la niña de sus ojos.
Sin duda, ella era una mujer muy fuerte tal y como ella solía llamarse: “la mera mera del molino”. A mamá Nena, se le va a extrañar mucho ya que era esa gran luz que iluminaba la vida de muchas personas. Siempre vivirá en los corazones de todo el mundo y sin duda alguna, sus hijas, nietos y bisnietos la van a extrañar inmensamente puesto que para todos era su fuerza que los hacía y motivaba a seguir adelante. Esperemos que nos siga iluminando desde donde esté junto a papá Rubén, tía Silvia y tío Luis ya que su protección es y seguirá siendo muy importante para todos los que tuvieron la bendición de tenerla en sus vidas. Descansa en paz mamá Nena, mi señora bonita.
Para seguir honrando su legado y memoria le sobreviven:
Hijas - Delia Ochoa, Rosa (Rosi) del Carmen Rodríguez, Hilda Gutiérrez, Angelica Esperanza (Pera) Martínez García.
Nietos - Jesús (Jesusin) Eduardo Ochoa, Fátima (Fatunsia) Lucía Ochoa, Javier Luis Rodríguez, Alejandro José Rodríguez, Daniel Rubén Rodríguez, Xóchitl Stephanie Barba, Yazmín Gloria Gutiérrez, Jorge Antonio Gutiérrez, Silvia Angélica Zamora.
Bisnietos -Francisco (Paco) Pereida, Ximena Iberia Ochoa, Lea Penélope Reyes (corazón de pollo), Mason Reyes, Theodore Lucas Castillo, Aleister Killian Barba.
Hermana - Francisca Guadalupe Ceja.
Yernos - Alfonso Ochoa Verduzco, Javier Rodríguez, Jorge Gutiérrez.
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