

Nunca vimos tu sonrisa ni el color de tus ojos. Nunca escuchamos tu risa ni tampoco tus llantos. Nunca sentiste nuestros besos en tus mejillas y naricita, ni nuestras cosquillas debajo de tu barbilla y en tus deditos de los pies. No escuchaste un “te amamos”, ni nos viste llorar, porque tu espíritu dejó tu cuerpo, naciste dormida. Pero llegará el momento en que nuestros ojos también se cierren en la muerte, y sabemos que al abrirlos, despertaremos allí contigo. Dios te lleva en Sus brazos, y nosotros te llevamos en nuestro corazón.
Aunque nunca escuchamos tu llanto ni sentimos tu cálido abrazo, llenaste nuestros corazones con un amor infinito y dejaste una huella que el tiempo nunca borrará. Eres nuestro ángel, nuestra bendición, y por siempre nuestra niña.
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v.1.18.0