Hoy despedimos a mi madre, una mujer llena de amor por su familia, fortaleza y fe. Su partida no ha sido casual: se fue en el día de Passover, una festividad que celebra la liberación, el paso hacia una nueva vida, y será enterrada hoy Lunes de Pascua, un día que conmemora la resurrección y la vida eterna.
Para mí, eso no es coincidencia. Es un mensaje del cielo. Mi madre ha sido liberada del dolor y del cuerpo que ya no le servía, y ha pasado —como los antiguos israelitas— hacia la promesa de una tierra mejor. Y así como Cristo resucitó venciendo la muerte, hoy creemos que ella también entra en una nueva vida, llena de luz, paz y descanso.
Aunque nuestros corazones estén rotos, su partida entre estas dos fechas sagradas nos recuerda que la muerte no es el final. Es un paso, un cruce de orilla, como un éxodo espiritual hacia la eternidad.