

Carlos nació en un entorno humilde y a pesar de tener mínima educación formal, siempre. tuvo una profunda pasión por aprender. Fue un lector incansable y curioso; todo libro, periódico o revista que caía en sus manos se convertía en una oportunidad para seguir aprendiendo.
Tenía una facilidad natural para expresarse y un gran respeto por el buen uso del idioma español. Era un hombre elocuente, con talento para la palabra escrita, por lo que con frecuencia se le pedía apoyo para redactar discursos y mensajes públicos. De manera autodidacta, desarrolló también su amor por la poesía, escribiendo hermosos versos inspirados en el estilo de forma sencilla de su poeta favorito, Amado Nervo. En su poesía exaltaba el amor por su querido Agualeguas, expresaba su devoción a la Virgen de Guadalupe, reconocía las virtudes de la mujer y alzaba la voz en contra de la crueldad hacia los animales. Mas notable en su poema “Héroes Serán Los Toros, Pero Nunca Los Toreros”, reflejaba claramente su rechazo a las prácticas de la tauromaquia.
Carlos sentía un amor genuino y desbordante por los niños. Su rostro se iluminaba cada vez que uno se acercaba. Cuando sus hijos eran pequeños, solía contarles fabulas improvisadas sobre animales traviesos que vivían en un bosque encantado. Las inventaba en el momento y las iba cambiando conforme avanzaban, adaptándolas a lo que los niños querían escuchar. Lo que comenzó como un juego familiar pronto atrajo a niños del vecindario, quienes se reunían con entusiasmo para escuchar la siguiente aventura de aquel grupo de animales inquietos.
Durante 59 años estuvo casado con Adalia Salinas, una esposa dedicada y amorosa madre y abuela, quien falleció en 2018. Juntos formaron una familia de seis hijos. Carlos fue siempre un proveedor firme y responsable. Trabajó durante muchos años en el Puerto de Houston como operador de elevadores de grano y como estibador. A pesar de que su trabajo era físicamente exigente, lo desempeñaba con orgullo y gusto. Era común verlo salir cada mañana rumbo al trabajo con su lonchera en la mano y silbando, listo para comenzar el día.
A pesar de los retos que la vida le presentó, Carlos mantuvo siempre una actitud alegre, jovial y positiva ante la vida. No fue un hombre perfecto; cargó con luchas emocionales que nunca fueron diagnosticadas a lo largo de su vida. Sin embargo, su amor y compromiso con su familia jamás flaquearon, y trabajó incansablemente para asegurarse de que a los suyos nunca les faltara nada.
Sus seres queridos lo recordaran siempre como un hombre generoso, alegre, fuerte y trabajador, cuyo amor por su familia, los niños, los animales y su querido Agualeguas fue tan grande como el gusto que encontraba en escribir versos y poemas que perdurarán y serán apreciados por generaciones.
Le sobreviven sus hijos: María Adalia Sáenz-O’Malley y su esposo Jim O’Malley; Magdalena Sáenz-González y su esposo Roel González; Rosalba Sáenz; Carlos Sáenz Jr.; Alberto Sáenz; y Claudia Marcella Sáenz-Salinas y su esposo Leonardo Salinas. También le sobreviven sus nietos: Yesenia Natalie González-Blancas y su esposo Lucas Blancas; Magdalena Ariana González-Galván y su esposo José Galván; Alba-Elena O’Malley; Thomas Alberto Sáenz; Gabriel Salinas; y Sofía Marcella Salinas; sus bisnietos Marcelo Anthony Blancas y Mauro Alejandro Blancas; así como sus hermanas Elda Sáenz e Idalia Sáenz.
Carlos fue precedido en la muerte por sus padres, Facundo Sáenz y Delfina Cantú; su esposa, Adalia Salinas; y su nieto, Nicolás Leonardo Salinas.
La velación de Carlos Sáenz se llevará a cabo el martes 10 de febrero de 2026, de 1:30 p.m. a 2:30 p.m., en Brookside Funeral Home, ubicado en 13747 Eastex Freeway, Houston, Texas 77039. Al concluir, se celebrarán los servicios funerarios. Posteriormente, se realizará un acto de sepultura en Brookside Memorial Park.
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Carlos Sáenz Cantú entered the loving hands of Our Lord on Saturday, January 31, 2026, in Houston, Texas. He was born on August 19, 1932, in Agualeguas, Nuevo León, Mexico, to Facundo Sáenz and Delfina Cantú.
Born into humble beginnings and with minimal formal education, he still possessed a deep and lifelong passion for learning. An avid reader throughout his life, he consumed every book, newspaper, and magazine that came into his hands.
An eloquent speaker, Carlos had a natural talent for prose and expression. He was often sought out to write speeches, public addresses, and other formal writings.
Self-taught in the art of poetry, he composed many beautiful pieces influenced by the “simple-form” poetry style of his favorite poet, Amado Nervo. His poetry celebrated his beloved hometown of Agualeguas, honored Our Lady of Guadalupe, exalted the virtues and strengths of women, and spoke out against cruelty to animals - most notably in his poem “Héroes Serán los Toros, Pero Nunca los Toreros,” which denounced the cruelty of bullfighting practices at the time.
Carlos had a genuine and overflowing love for children. His face would visibly light up whenever a child entered his presence. When his children were young, Carlos would tell improvised fairy tales about mischievous animals in an enchanted forest, making them up as he went along and gently redirecting the story when the children showed discomfort in the direction the story was taking. What began as storytelling sessions for his own children soon grew into gatherings of neighborhood children eager to hear the next adventure.
Carlos was married for 59 years to Adalia Salinas, a devoted wife and loving mother and grandmother, who preceded him in death in 2018. Together, they raised six children. A steadfast provider for his family, Carlos worked for many years at the Port of Houston as a grain elevator operator and as a longshoreman/stevedore. Though the work was physically demanding, he took pride in it and genuinely loved his job. It was common to see him leave for work each morning with his lunchbox in hand and a spring in his step.
Despite life’s challenges, Carlos maintained a positive outlook on life. He was not a perfect man; he carried emotional struggles that went undiagnosed throughout his entire life. Nonetheless, his devotion to his family never wavered, and worked tirelessly to ensure they never went without.
He will be remembered as a generous, jovial, strong, hardworking man whose love for his family, children, animals, and his hometown of Agualeguas was matched by his joy in writing verses and poems that will endure for generations.
Carlos is survived by his children: María Adalia Sáenz-O’Malley and her husband Jim O’Malley; Magdalena Sáenz-González and her husband Roel González; Rosalba Sáenz; Carlos Sáenz Jr.; Alberto Sáenz; and Claudia Marcella Sáenz-Salinas and her husband Leonardo Salinas. He is also survived by his grandchildren: Yesenia Natalie González-Blancas and her husband Lucas Blancas; Magdalena Ariana González-Galván and her husband José Galván; Alba-Elena O’Malley; Thomas Alberto Sáenz; Gabriel Salinas; and Sofía Marcella Salinas; his great-grandchildren, Marcelo Anthony Blancas, and Mauro Alejandro Blancas; and his sisters, Elda Sáenz and Idalia Sáenz.
Carlos was preceded in death by his parents, Facundo Sáenz and Delfina Cantú; his wife, Adalia Salinas and his grandson, Nicolás Leonardo Salinas.
A visitation for Carlos Sáenz will be held on Tuesday, February 10, 2026, from 1:30 p.m. to 2:30 p.m. at Brookside Funeral Home, located at 13747 Eastex Freeway, Houston, Texas 77039, with funeral mass following immediately thereafter, and final committal services beginning at 3:30 at Brookside Memorial Park.
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