

Vivió una vida llena de amor y fe. Nacida en Monterrey, tuvo una infancia hermosa, creciendo en una familia de diez, rodeada de primos, vecinos y amigos. De joven, estudió enfermería y se convirtió en paramédica. Impulsada por su pasión por ayudar a los demás, dedicó su vida a brindar amor y esperanza a quienes más lo necesitaban.
Luego llegaron sus treinta. Comenzó un nuevo capítulo junto al amor de su vida, José Ramírez. Juntos se mudaron a Houston, Texas, donde formaron una familia llena de amor y tuvieron tres hijos.
Fue una madre increíble, una gran amiga y una maravillosa maestra para cualquiera que necesitara una mano. Después de ver a sus hijos crecer y graduarse de la preparatoria, algo cambió y marcó un nuevo comienzo en su vida y en la de su familia. Fue diagnosticada con enfermedad renal y tuvo que comenzar diálisis cada viernes, pasando eventualmente a tres veces por semana.
Durante 15 años, luchó valientemente contra los desafíos de la enfermedad, soportando la diálisis y todos sus efectos. A lo largo del camino, enfrentó muchas otras batallas de salud: COVID, cáncer, complicaciones del corazón, diabetes, infecciones pulmonares y malestar constante. Finalmente, una condición neurológica la dejó confinada a una cama y a una silla de ruedas. A pesar de todo, se mantuvo fuerte y firme en su fe, luchando cada día por todos nosotros.
Poco a poco, su cuerpo comenzó a ceder, mientras su espíritu permanecía intacto. Sus ojos se llenaban de lágrimas por el dolor, pero su sonrisa seguía luchando por mantenerse. Logró visitar a su familia una vez más, viajando a México, donde su hijo menor se casó el 21 de marzo.
Después de regresar a casa el día 25, sufrió un nuevo retroceso en su ya delicada salud: un derrame cerebral inesperado tras un procedimiento menor que ya era común para ella. Tras mostrar mejoría durante los primeros dos días, lamentablemente sufrió un segundo derrame. Aun así, se mantuvo tranquila durante todo el proceso, mientras su hijo mayor permanecía a su lado con angustia. Después de seis horas de intensa lucha, su corazón dio su último latido, poniendo fin a su vida y a su increíble recorrido a los 68 años.
Desde ver a sus hijos crecer hasta presenciar el 71.º aniversario de sus padres, Dios le regaló tantos momentos hermosos y recuerdos inolvidables. Hoy nos encontramos en calma, sabiendo que nuestra querida Sanjuana Ramírez por fin puede descansar después de una vida llena de amor y felicidad con la que muchos solo podrían soñar.
Gracias, Dios, por hacer este momento lo más llevadero posible para todos. Gracias, mamá, por darnos la vida. Ya puedes descansar.
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v.1.18.0