

Marcos Rodríguez, originario de Zacatecas, México, fue un hombre profundamente dedicado a su familia, el pilar de su vida y su mayor orgullo. Estuvo unido en matrimonio durante 64 años con su amada esposa, Dionisia, con quien construyó una historia de amor, esfuerzo y compromiso, formando una gran familia y siendo padre de 18 hijos.
Con valentía, sacrificio y un inmenso amor por los suyos, emigró a los Estados Unidos junto a su esposa y sus hijos, impulsado siempre por el deseo de brindarles un mejor futuro. Marcos fue un hombre trabajador, de firmes valores y una ética de trabajo ejemplar, lecciones que transmitió no solo a sus hijos, sino también a sus nietos, bisnietos y tataranietos, quienes hoy continúan su legado.
Aunque su educación formal llegó hasta el tercer grado, poseía una sabiduría profunda nacida de la experiencia, el sentido común y el corazón, reflejada en sus consejos, decisiones y en la manera digna y honesta con la que vivió su vida.
Tuvo una gran pasión por la música; fue compositor, guitarrista y violinista, y en ella encontraba alegría, consuelo y una forma especial de expresar su alma. Su buen sentido del humor y las bromas que compartía con su familia llenaron su hogar de risas y recuerdos entrañables que permanecerán por siempre.
Disfrutaba ver juegos de béisbol, compartir tiempo con sus seres queridos y consentirlos a través de la comida. Cocinar era una de sus maneras de demostrar amor, especialmente cuando preparaba platillos tradicionales como la birria y el menudo, hechos siempre con orgullo y cariño.
Marcos Rodríguez deja un legado invaluable de amor, trabajo, sabiduría y profunda unión familiar. Su memoria vivirá eternamente en el corazón de sus hijos, nietos, bisnietos, tataranietos y de todos aquellos que tuvieron el privilegio de conocerlo y amarlo.
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