Narciza vivió en Panorama City, California, y deja una huella entrañable en quienes tuvieron el privilegio de conocerla. Fue amada profundamente, y su presencia se distinguió por una generosidad constante y una bondad sincera que se reflejaba en su trato y en la manera atenta con la que acompañaba a los demás.
Su memoria permanecerá con gratitud y cariño, como testimonio de una vida marcada por el afecto, la entrega y la calidez humana.
Descanse en paz.