Residente de Pasadena, Texas, Alberto deja una huella entrañable en quienes tuvieron el privilegio de conocerlo: un hombre querido, trabajador incansable, fiel en sus convicciones, generoso en su manera de dar, honesto en su proceder y, aun en los días más serios, capaz de regalar una sonrisa con su sentido del humor discreto y oportuno. A lo largo de su vida, Alberto se distinguió por la constancia con la que asumía sus responsabilidades y por la integridad con la que trataba a los demás. Su presencia transmitía confianza; su palabra, dicha con franqueza, reflejaba un carácter recto. Quienes lo rodeaban también conocieron su espíritu generoso: una disposición natural a ayudar, a compartir y a estar presente cuando hacía falta. Y en medio de todo ello, su humor —sereno, humano— fue una forma de cercanía que muchos atesorarán.
Alberto es recordado con amor por su esposa (casados por 28 años), Miriam M Torres; por su hijo, Alberto Torres, Jr.; y por su hija, Miranda Aglae Torres. También le sobreviven su papa, Abelino Torres, y su hermano, Alfredo Torres. Se reúne en la memoria y en el cariño familiar con su mama (QEPD), Olivia Torres, cuyo recuerdo permanece vivo entre quienes la amaron.
Que el recuerdo de Alberto Torres permanezca como testimonio de una vida vivida con entrega, lealtad y bondad, y que su legado de honestidad, trabajo y generosidad continúe acompañando a su familia y a todos los que hoy lo extrañan.