Janet fue una persona amada, devota y generosa. Su vida fue un testimonio de amor y dedicación, dejando una huella imborrable en quienes tuvieron el privilegio de conocerla. Su generosidad tocó innumerables corazones, y su devoción fue una fuente constante de inspiración.
Hoy, recordamos a Janet no solo por la vida que vivió, sino por el legado de bondad y amor que deja tras de sí. Su memoria perdurará en el tiempo, como un faro de luz que continuará guiando a sus seres queridos.