

Miguel A. Díaz López no fue la excepción. Fue amado, fue un buen amigo y un ser especial. La familia y los amigos que lo conocieron, recordarán a Pitito, como una persona excepcional. El viaje de la vida de Miguel comenzó en el pueblo de Loíza, donde nació el 2 de diciembre de 1943; hijo de Enrique Díaz y Rafaela López.
Contrajo matrimonio con Ana Mercedes Pizarro Hernández y estableció su residencia en la urbanización Country Club en San Juan, donde vivió por los últimos 35 años. Miguel tuvo cuatro hijos; Yanira, Miguel Angel, Christian Omar y Vivianannette, quienes le dieron la alegría de tener ocho nietos; Camila Andrea, Ricardo, Sofía Stella, Mia, Christian, Yarielis y Angelyanis.
Trabajó como operador de equipo pesado para la Autoridad de Energía Eléctrica, de donde se retiró en el 1998, después de laborar durante 35 años. Amante de la música de tríos, su pasatiempo favorito era pasar un buen día en la finca. Le encantaba comer y siempre decía: "Cuando yo muera, quiero morir lleno". Fue un hombre de carácter fuerte, que cuando se ponía serio su nieto le decía "viejo gruñón". Fue un hombre pintoresco, "duro como el cemento" y un padre maravilloso. Hombre humilde que siempre decía: "Yo nací sin ropa...", demostrando así su calidad humana.
Ésta es la vida de Pitito, la suma del hombre en que él se convirtió. Siempre será recordado por su familia y amigos como alguien que era una parte vital de sus vidas y que deja detrás de él una herencia de amistades y muchas memorias atesoradas.
Descanse en Paz.
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v.1.18.0