Residente de Bayamón, Puerto Rico, Damarys deja una huella serena y perdurable en todos los que tuvieron el privilegio de conocerla y quererla.
Damarys fue, ante todo, una presencia amada y entrañable: valiente ante las pruebas, firme en su fe y constante en su entrega. Con una bondad genuina y una compasión que se sentía sin necesidad de grandes palabras, supo acompañar, sostener y cuidar con paciencia.
Su honestidad, su trabajo incansable y su generosidad discreta hablaron por ella a lo largo de los años, inspirando respeto y gratitud. Y aun en los momentos difíciles, Damarys conservó ese toque de humor que aligeraba el ambiente y recordaba que la esperanza también se construye con pequeñas sonrisas.
La vida de Damarys estuvo marcada por un amor profundo y una devoción inquebrantable hacia su familia. Su esposo y amor de su vida, Frankie, la precedió en la partida, al igual que sus padres, Ricardo y Hortensia.
Damarys vivió con orgullo y ternura el vínculo con su hija, Frances y con su “yerno favorito que nunca hace nada malo”, Orlando, a quien apreciaba de manera especial.
También atesoró la compañía de su perrita y compañera Cindy, así como el cariño y la lealtad de su hermana Wanda y de su mejor amiga de la vida, Griselda, quienes fueron parte esencial de su camino.
La familia agradece de todo corazón a toda la familia, amigos y compañeros de trabajo en Universal Insurance, y de manera muy especial a las jefas Josely Vega, Sary Ann Vazquez y Ann Jo Carrero, así como al Hospicio Luz Celeste, por todo su apoyo, el cariño y el cuidado brindado en este proceso.
Cada gesto de acompañamiento fue un reflejo del cariño que Damarys sembró con su manera gentil de estar en el mundo.
Como Damarys siempre dijo: “Un día a la vez”.
En esas palabras queda su sabiduría sencilla, su resiliencia y su manera fiel de enfrentar la vida con serenidad. Su memoria será siempre querida y profundamente extrañada.