una flor sobre mi tumba se marchita,
mas una oración por mi alma la recoge Dios.
No lloren, amados míos,
voy a unirme con Dios
y los espero en el cielo.
Yo muero, pero mi amor no muere,
yo les amaré en el cielo como les amé en la tierra.
A todos los que me han querido
les pido que rueguen por mí,
que es la mayor prueba de cariño.
San Agustín